Exbarbero de «Rambo»: Tras Eta, quedé en la calle y mis hijos descalzos

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exbarbero Rambo de León Honduras
Wilmer Eligio Medina es padre de ocho hijos: cuatro varones y cuatro mujeres, dos de ellas son gemelas.

TEGUCIGALPA, HONDURAS.- A más de dos meses del paso de los fenómenos naturales Eta e Iota, los hondureños aún sufren los estragos que ambas tormentas ocasionaron en el país, ejemplo de ello es Wilmer Eligio Medina, quien se dedicaba a cortar el cabello de reconocidos jugadores hondureños, pero que hoy fue olvidado por su ídolos futbolistas, según dejó entrever.

Don Wilmer, relató a TIEMPO DIGITAL el sufrimiento que él, su esposa y sus ocho hijos pasan tras haber perdido todo durante las fuertes lluvias y el desbordamiento de ríos que Eta e Iota ocasionaron en noviembre de 2020.

«Yo fui barbero en la sede de El Platense, ahí crecí y estuve trece años y le pedí colaboración a Rambo de León, Edgar, Rony, Abel Rodríguez, Víctor Coello y el único que me mandó dinerito fue Rambo», lamentó el humilde hondureño.

Don Wilmer dijo que tras el paso de las tormentas los alojaron en la escuela Luis Bográn de la aldea Las Flores, Concepción Norte en Santa Bárbara. En ese lugar, ya llevan dos meses y quince días de pernotar, sostuvo el santabarbarense.

Con su voz entrecortada, don Wilmer manifestó su preocupación ante un posible desalojo del citado centro educativo. «Una profesora nos ha dicho que nos salgamos porque ya vienen las clases y el 2 de febrero empiezan las matrículas«, agregó.

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«El día de las ánimas empezó todo»

Con una peculiar transparencia para expresarse, don Wilmer recordó que residía en Cortés, «pero luego me vine para Santa Bárbara porque aquí tenía mi familia y me gustó, así que compré un solarcito. Tenía mi taller, mis niños, mi maíz, frijoles y cuando menos acordé, el mero día de las ánimas (día de muertos), amaneció lloviendo, ahí empezó todo«.

Dos días más tarde, «se vino aquella semejante creciente, que fue Eta y nos arrolló la casita», detalló el entrevistado. En consecuencia, él y su familia se refugiaron en la escuela Luis Bográn. En ese lugar ya pernotaban más familias que huyeron despavoridas por las fuertes lluvias, recordó don Wilmer.

Luego del ingreso de Eta, «la gente quería que nos saliéramos de la escuela, y yo les dije –yo sé que va a venir otra más fuerte- y como el 17 de noviembre, que se dio la otra creciente, vale más que yo estaba aquí con mis niños, porque una sola arrollada le pegó Iota a 58 casas en la aldea Las Flores«, describió.

«Es triste perder todas sus cosas, yo perdí 19 cargas de maíz, ropa, parte de la casa, quedé en la calle, solo me quedé en calzoneta y mis niños descalzos, pero gracias a Dios que nos han estado ayudando siempre», comentó con voz agradecida.

Actualmente, en la escuela Luis Bográn de Concepción Norte, hay seis familias damnificadas, quienes reciben algunos insumos que la Corporación Municipal y otras entidades les envían, según dijo el exbarbero de Rambo de León.

«Ahorita vino el secretario de Educación, Arnaldo Bueso, y mandó una ropita, también la Corporación Municipal nos llevan alimento», aseguró.

Sin oportunidades laborales

Don Wilmer no pudo ocultar su desesperación por generar algunos ingresos para el sustento de sus ocho hijos, sin embargo, señaló que el mal estado de las carreteras, impiden que haya transporte para realizar corte de café.

«Sufrimos bastante, aquí es macaneado porque las carreteras se han arruinado, no hay paso para ir a cortar café, no hay trabajo porque se perdieron las milpas y pues no hay transporte para poder ir a ganar unos pesitos«, lamentó.

Pese a ello, don Wilmer destacó la ayuda que recibe de una pobladora del sector, quien es propietaria de una pulpería y le «fía» para que ayude a su familia. «Ella también perdió todo,  pero nos ha dado crédito«, precisó.

A la espera de un terreno

El sencillo hondureño dijo emocionado que Miguel Ángel Bueso, alcalde de Concepción Norte, les prometió un terreno de cinco manzanas, para que él, su familia y los demás damnificados puedan empezar desde cero y poco a poco construir una humilde vivienda.

«Nos había comprado un terrenito que le cuesta 650 mil lempiras y ya está aprobado por la Corporación Municipal, pero hay que esperar quince días, por un traspaso en el Instituto de la Propiedad, porque era de él y luego se lo donó a la esposa para hacer el traspaso de venta», relató.

Una vez en el terreno, «vamos a hacer hasta con láminas de zinc, palma de coco o lo que sea, para que cada quien esté ubicado en su terrenito para hacer su casita«, concluyó don Wilmer.