Estimular la producción propia de insumos para enfrentar a Covid-19

976

Por Pablo Angelelli | José Miguel Benavente | Ernesto Stein |. Uno de los problemas más importantes para el manejo de la pandemia en países en desarrollo ha sido la escasez de equipos e insumos para realizar pruebas de diagnóstico a la población sospechada de estar infectada, para tratar a los pacientes más críticos, y para proteger a los trabajadores del sector salud. A medida que crece el número de casos de Covid-19, los países demandan más de estos equipos e insumos médicos, que también son clave para salir de los confinamientos y reabrir las economías. Pero como América Latina y el Caribe no está especializada en su producción, los países intentan desesperadamente importarlos en mayores cantidades.

En circunstancias normales, esto no sería un problema. Pero ante el coronavirus todos los países del mundo enfrentan la pandemia de manera más o menos sincronizada. El repentino aumento de la demanda global de equipos e insumos médicos ha generado una gran escasez en los mercados de estos productos. Para complicar las cosas aún más, varios de los países que los producen han restringido las exportaciones o introducido barreras regulatorias que limitan aún más el acceso de los países no productores a estos insumos críticos.

Este problema, además, no es privativo de los países en desarrollo. Aun en países como EEUU hay escasez de estos productos, que van desde equipos sofisticados como respiradores mecánicos, hasta insumos tan simples como mascaras quirúrgicas e hisopos para extraer muestras nasales. Sin embargo, a la hora de competir por estos recursos escasos, los países desarrollados tienen más poder de fuego, lo cual limita aún más el acceso a estos insumos críticos en países en desarrollo. ¿Qué hacer, entonces?
¡Si no los puedes importar, hazlos!

En varios países de la región, la respuesta a este problema ha sido estimular la producción propia de estos equipos e insumos. El BID, conjuntamente con BID LAB, el laboratorio de innovación del grupo BID, están participando activamente en apoyar a los países en este esfuerzo, incluyendo una publicación con recomendaciones de política pública para fomentar los ecosistemas de innovación para encontrar soluciones a la pandemia. Hay muchas historias de éxito en la región que muestran el camino a seguir.

Un elemento común en la mayoría de los casos exitosos es la capacidad de articulación entre diferentes actores, tanto públicos como privados, que hasta ahora no siempre han trabajado de manera coordinada. Por el lado público, esto involucra a autoridades de salud, y de ciencia, tecnología e innovación.

Por el lado privado, a actores de la comunidad de startups y la comunidad científica, que pueden generar prototipos y otras soluciones necesarias para combatir el virus, y a empresas manufactureras con capacidad de escalarlas. En el resto de esta nota, describimos un par de estas iniciativas exitosas.

Un respiro para Chile

Como casi todo el mundo, en Chile había una gran preocupación con el déficit de respiradores mecánicos para atender el punto máximo de la pandemia. En un contexto donde los países productores frenaron las exportaciones, diferentes grupos comenzaron a trabajar en desarrollar ventiladores usando diseños liberados (como el del MIT), o diseños propios.

Pero ¿Como asegurar que los ventiladores cumplen con los requisitos de los usuarios, la comunidad de médicos de cuidados intensivos? ¿Como asegurar que los usuarios tienen acceso a los diferentes prototipos para elegir las mejores soluciones? ¿Como asegurar que puedan ser producidos en escala suficiente en Chile?

En este contexto, el BID, junto al Ministerio de Ciencia y Tecnología y la SOFOFA (la gremial empresaria más importante de Chile) convocaron a Social Lab, una institución especializada en plataformas para concursos de innovación. Juntos, lanzaron un desafío: producir ventiladores mecánicos en Chile, en un lapso muy breve. Una semana después, habían recibido 35 propuestas, en distintos grados de avance.

Se conformó un grupo de evaluadores/mentores integrado por médicos intensivistas, ingenieros con experiencia en desarrollo de equipos, y especialistas en manufacturas, con la idea de evaluar las propuestas de acuerdo con tres criterios: su viabilidad médica (¿cumplen con los requisitos de los intensivistas?), ingenieril (¿se pueden producir con partes y piezas disponibles en territorio chileno?

Y manufacturara (¿puede la industria escalarlos en forma económica modificando sus procesos de producción?). Tras una ronda de feedback a los equipos donde los evaluadores plantearon la necesidad de ajustes, se ranquearon las propuestas, usando además una serie de requisitos identificados por la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva. Han pasado solo tres semanas desde el llamado a concurso, y los primeros cinco prototipos ya están en la etapa de ensayos clínicos.