ESCRIBIR BIEN: El femenino de cargos, puestos y profesiones

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Los astronautas canadiense David Saint Jacques (izq), estadounidense Anne McClain (dcha) y el cosmonauta ruso Oleg Kononenko posan para los fotógrafos mientras se someten a las pruebas finales en el centro de entrenamiento ruso para cosmonautas en la Ciudad de las Estrellas, a las afueras de Moscú (Rusia).

Por Fundéu. -«La presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres está sujeta a cierta variación. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios voces como «bedela», «coronela», «edila», «fiscala», «jueza», «médica» o «plomera», pero estas y otras voces similares han tenido desigual aceptación, generalmente en función de factores geográficos y sociales, además de propiamente morfológicos». Gramática, RAE, 2009.

¿Cuántos géneros tiene el español?

El género es una propiedad de los nombres y los pronombres que tiene efectos en la concordancia con los determinantes, los adjetivos, los cuantificadores, etc. Los sustantivos en español solo pueden ser masculinos o femeninos, pero los demostrativos, los cuantificadores, los artículos y los pronombres personales pueden ser, además, neutros: esto, eso, aquello; tanto, cuanto, mucho…; lo y ello.

¿Existe una correspondencia estricta entre el género y el sexo?

No. El género de los sustantivos no siempre se corresponde con el sexo biológico del referente. Cuando el sustantivo se refiere a un ser animado, el género puede diferenciar el sexo (león, leona); pero en el resto de los casos es una propiedad gramatical independiente: la mesa es femenino, el tenedor es masculino.

¿Cómo se marca el género?

Para marcar el género hay distintas posibilidades:

Morfemas: terminaciones como la -a (niña), -esa (abadesa), -isa (poetisa), -ina (heroína), -era (cocinera), -ana (decana), – óloga (psicóloga), -ada (magistrada), etc.
Raíces distintas: caballo, yegua (son los llamados heterónimos).

Determinantes y otros elementos concordantes: el artista, la artista (se los conoce como comunes en cuanto al género).

Además, están los sustantivos ambiguos, que se pueden usar en femenino o masculino indistintamente (el mar, la mar), y los epicenos, que se refieren a un ser vivo de uno u otro sexo con un único género, como el mosquito (mosquito macho/hembra).

Existen ciertas correspondencias

La mayor parte de los sustantivos acabados en -a son femeninos: taza, silla, niña, pero no faltan casos como clima, día o mapa.

La mayoría de los acabados en -o son masculinos: cuaderno o puerto, pero también hay femeninos como mano.

Los acabados en consonante o en otras vocales pueden ser masculinos o femeninos.

Los sustantivos de persona comunes en cuanto al género

Términos como el cónyuge / la cónyuge distinguen el género por la concordancia y no mediante desinencias: su cónyuge está enferma/enfermo.

Los problemas se presentan especialmente con aquellos sustantivos comunes que denotan profesiones, cargos, títulos, empleos o actividades. En la evolución de muchos de estos nombres, el proceso habitual suele ser que los que tradicionalmente eran masculinos pasen a ser comunes y de ahí a tener una forma femenina plena, sobre todo aquellos que pertenecen a ámbitos a los que la mujer se ha ido incorporando paulatinamente (el socio, la socio, la socia; el juez, la juez, la jueza; el obispo, la obispo, la obispa, y muchos más).

Así pues, muchos de estos sustantivos que antes eran considerados comunes en cuanto al género y que hacían el masculino en -o presentan hoy el femenino en -a: abogado, árbitro, arquitecto, fontanero, ministro, etc.

La Gramática académica indica que «… se ha comprobado que la presencia de marcas de género en los nombres que designan profesiones o actividades desempeñadas por mujeres está sujeta a cierta variación, a veces solo desde tiempos relativamente recientes. La lengua ha acogido, pues, en ciertos medios voces como bedela, coronela, edila, fiscala, jueza, médica o plomera, pero estas y otras voces similares han tenido desigual aceptación en función de factores geográficos y sociales además de propiamente morfológicos».

En la Fundéu siempre hemos ofrecido la forma plenamente femenina de aquellos cargos y profesiones que, de acuerdo con la morfología de nuestra lengua, pueden tenerla. Recomendamos, por ejemplo, pilota, obispa o edila. Y lo hacemos siendo conscientes de que tienen una aceptación irregular. Sabemos que a muchas personas «les suenan mal», pero también sabemos que el hecho de que una palabra suene bien o mal no es en sí un criterio lingüístico.

Los hablantes, al final, son quienes siempre deciden. En la Fundéu tratamos de que esa sea una decisión informada entre opciones gramaticalmente válidas, correctas. Nuestra labor es conseguir que la gente sepa que puede decir la juez y también la jueza, después ya es cada hablante quien finalmente emplea una palabra u otra. Las que triunfen, las que mayoritariamente se empleen, serán las que se quedarán y estarán vivas en el caudal léxico de la lengua; las otras caerán por su propio peso en la evolución del español.

El femenino que designaba a la mujer de…

La Academia indica que «han desaparecido casi por completo los sustantivos femeninos que designaban antiguamente a la esposa del que ejercía ciertos cargos (coronela, gobernadora, jueza), y se han impuesto los significados en los que estos nombres se refieren a la mujer que pasa a ejercerlos».