El Papa confiesa: «¡Sí me enfado a veces pero no muerdo!»

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Como hermoso broche de oro a un año de asombrosa actividad, el Papa Francisco ha recibido el 31 de diciembre a seis mil Niños Cantores de 127 coros de países de todo el mundo. Para delicia de los chiquillos y chiquillas, ha respondido a las preguntas más inusitadas, revelando aspectos poco conocidos de su vida.

A una niña que le preguntó si alguna vez se enfadaba, el Papa respondió: «Sí, me enfado a veces… ¡pero no muerdo!». Francisco añadió que «me enfado cuando alguien hace cosas que no están bien, pero me ayuda pensar que yo también he hecho enfadar muchas veces a los demás. Y esto me serena, me tranquiliza».

Con palabras sencillas, el Papa comentó que «estar enfadado es venenoso, te envenena el alma. Hace daño a los demás y también a tí misma. Algunas personas están siempre enfadadas… ¡parece que por las mañanas se lavan los dientes con vinagre! Enfadarse es normal, pero la costumbre de enfadarse, de dar gritos a los demás, es un veneno».

El Santo Padre les agradeció los villancicos en varios idiomas y les confesó que «siempre me ha gustado oír cantar. De pequeños éramos cinco hermanos, y todos los sábados nuestra madre nos hacía escuchar una ópera en la radio. Después nos explicaba la estructura del relato, los personajes…».

Con cierta nostalgia, Francisco añadió que «amo el canto desde pequeño, pero no sé cantar, y ni siquiera hablar, porque tengo un defecto de fonética». De hecho, no canta nunca en las ceremonias litúrgicas y en las homilías, apenas sube la voz. Paradójicamente, la gente le escucha más, pues adquieren un tono intimista, y son breves.

Cuando una chiquilla le pregunto qué quería ser de pequeño, el Papa dudó un poco pero se animó a responder: «Si os digo la verdad, os vais a reír… ¡Quería ser carnicero! Por entonces no había televisión, y yo iba con mi abuela o con mi madre al mercado. Veía los puestos de venta de una cosa, de la otra… Y veía al carnicero, que hacia aquellos cortes: así, y así… ¡Era un arte! Un día me lo preguntaron durante la comida, y lo dije: quiero ser carnicero».

A preguntas de otra niña reveló que su propósito para el 2016 es «rezar más, porque me he dado cuenta de que los sacerdotes y los obispos -y yo soy un obispo-, tenemos que ayudar al pueblo de Dios ante todo con la oración. Es nuestro primer servicio. Para un obispo, la primera tarea es rezar. Quizá es también un buen propósito para vosotros. ¿Os parece bien?». La respuesta, un poco lenta por la traducción a los distintos idiomas, fue un coro de «síes» en las lenguas más variadas. Y un gran aplauso.