Cenizas de niña migrante serán enviadas a Honduras, el sitio al que añoraba volver

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cenizas de astrid
La madre de la niña migrante, Astrid Reyes, espera poder repatriar las cenizas de la menor.

MIAMI, ESTADOS UNIDOS. Suny Galindo, madre de Astrid Reyes, la niña migrante hondureña y la víctima más joven del COVID-19 en Florida, espera enviar las cenizas de la menor de 6 años a Honduras, la tierra que ella ansiaba volver a ver.

Según narró su madre, la pequeña ansiaba regresar a su tierra para ver a sus abuelos y primos y dejar su vida de soledad en Estados Unidos.

La madre comentó que aunque sea «muerta», quiere cumplir el deseo de su pequeña y única hija. Además compañera de un «viaje horrible» que emprendieron el pasado 2019 desde Juticalpa, Olancho, a Tampa, EE.UU., para «tener una mejor calidad de vida».

Astrid, de 6 años, falleció luego de cuatro días de agonía, después de amanecer llorando y gritando por un dolor de cabeza. Madre e hija no alcanzaron celebrar juntas el primer año de haber llegado a EE.UU.

Galindo manifiesta que la fecha que más recuerda es el 19 de agosto, cuando desconectaron a su hija en el Hospital Johns Hopkins All Children, San Petersburg. La menor había sufrido «un derrame cerebral»

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Dolor de la madre

La desconsolada madre mencionó que «nadie se imagina eso para sus hijos», mas bien sus planes eran comprarle una tableta a la pequeña Astrid para su séptimo cumpleaños.

Además, Galindo narra cómo fue que le pidieron el permiso para desconectarla, y no se opuso, pues su salud estaba empeorando. La madre dijo que eran inseparables y que ese vacío nadie lo podrá llenar.

Suny recuerda a la pequeña Astrid como una niña bien portada que soñaba con ser policía; pese a que le tenía «pánico» a las patrullas que vieron durante su viajes. La menor amaneció quejándose, convulsionó y desde ese momento ya no reaccionó.

La angustiada madre no llamó a una ambulancia por el temor que le hicieran «mil preguntas» y por eso la llevó al hospital más cercano. Desde el cual se le trasladó en helicóptero a San Petersburg.

Para Galindo, es «rara» la muerte de su pequeña Astrid, porque siempre fue una niña «sana». Lo único que ella tenía era un «pequeño soplo desde que nació, pero que podía sobrevivir»

La hondureña se muestra molesta cuando dicen que su hija Astrid «murió de COVID-19», argumentando que todos en la familia y los feligreses de la iglesia donde acuden están bien. Y en el hospital nunca les recomendaron a ella ni a su esposo realizarse una prueba o ponerse en «cuarentena»

Explica que su esposo le dio a la niña respiración boca a boca durante la emergencia y que él está bien de salud y que «tantas» personas no pueden ser asintomáticas.

Sin embargo, el forense del condado de Pinellas registró como causa de la muerte de Astrid fue por un edema pulmonar y el estado la reporta como la muerte más joven en Florida por el nuevo coronavirus.

Repatriación de cenizas

El presidente de la «Fundación 15 de Septiembre», Juan Flores, quien asistió a Galindo, señaló que los migrantes hondureños desconocen de dos leyes. Estas establecen la ayuda a las familias para el envío de restos mortales de los compatriotas fallecidos en el exterior.

Una de ellas entró en vigencia en el mes de mayo para que quienes mueran por COVID-19 puedan ser cremados. Mientras que la otra ley ayuda a las familias de los fallecidos por otras causales a enviar su cuerpo sin necesidad de la cremación.

Flores sugiere al gobierno de Honduras educar más sobre estas leyes y sus funciones. De esta manera se evita el sufrimiento prolongado de estas familias que carecen de recursos.

Agregó que se trata de una cuestión humanitaria porque muchos hondureños «no pueden descansar en paz» sin saber qué hacer con la cenizas o manteniendo en algunos casos, hasta dos meses, los cuerpos en funerarias.