Doña Emérita: Primer mujer taxista en SPS; «el machismo no la intimidó»

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Doña Emérita mujer taxista
Siguiendo sus sueños, sin importar los obstaculos o la discriminación, la ejemplar mujer salió adelante.

HONDURAS. Doña Emérita Suyapa Fernández Castillo, es una mujer que se trasladó desde Chinda, Santa Bárbara, hacia San Pedro Sula, en busca de mejores oportunidades laborales, perseguir sus sueños y sacar adelante a sus hijos. Sin importar cualquier obstáculo que se presentó convirtiendose en 1989 en la primer mujer taxista de la zona norte.

TIEMPO Digital contactó a esta ejemplar mujer, la cual relató que al llegar a la capital industrial, comenzó a trabajar en un fabrica textil, en su proceso quisieron trasladarla al turno de la noche, razón por la cual se retiró.

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Posteriormente, doña Emérita se casó con su esposo Trinidad Perdomo, el cual tenia un taxi. En ese momento, siendo muy difícil lo que su compañero de hogar le brindaba para la comida diaria, eran L.5, de eso ella tenia que comprar para las necesidades de sus hijos.

Así que tomó la decisión, sin importar el que dirían o los obstáculos que se pudieran presentar. Ella le dijo a su esposo: “Enséñame a manejar para yo poder hacer algo, así en la mañana cuido a los niños, les hago su comida y en la tarde permíteme ir a trabajar en el taxi”.

Doña Emérita mujer taxista
Foto de 1993, taxi 1044

Pese a que su esposo no estuvo de acuerdo al principio, diciéndole que se tornaba peligroso, y que ella era mujer, doña Emérita decidida le dijo “No importa”, afirmándole a su cónyuge que lo verdaderamente importante era que quería aportar al hogar.

Después de todo, lo logró, aprendió a conducir, posteriormente no se quiso quedar solo con eso, decidió formar una ruta en La Unión, sector Montefresco. Luego de ello, según relató, un grupo de hombres no la aceptaba como socia.

Doña Emérita, comenzaba a trabajar en el taxi desde las 12 del mediodía hasta las 6 de la tarde.

Formó su propia empresa

Pero como toda mujer guerrera y decidida, doña Emérita dijo “No. Yo voy a seguir luchando, si ellos no me aceptan, no me importa. Voy a formar mi propia empresa”. Es ahí, y en ese momento entre tanto machismo, donde a ella le nace no dejarse vencer o gobernar por los hombres.

“Ellos no van a ganarme, voy a salir triunfante y lo voy a lograr”, las palabras que se repetía a sí misma. Y lo volvió a lograr, encontrando un par de socios, los invitó a que la apoyaran en la apertura de su nuevo negocio, pero ocurrió algo, ellos cuestionaron un poco el hecho que doña Emérita por ser mujer, fuese la presidenta.

Ellos le dijeron varias cosas para persuadirla, como “usted tiene niños”, “no va a poder hacer las cosas”, “tiene que encargarse de cuidar sus hijos”. Estas palabras, sirvieron de motor para doña Emérita, quien les confirmó que ella podía, tanto con los niños, con la empresa y con mucho más.

No obstante, cedieron y en ese momento con ella se acoplaron unos 20 transportistas con sus unidades, formando su tan soñada empresa “EMOTICOL”, que comprendían taxis colectivos.

Doña Emérita, mencionó que, justo en ese tiempo se encontraba el abogado Roberto Alonso Matute, con el cual tenían una amistad. Cuando este se enteró de su nuevo proyecto, decidió “echarle la mano”.

El abogado le indicó que por el entusiasmo, gallardía y ego que tenía, le ayudaría con las escrituras de la empresa, no solo eso, totalmente gratis. Con base a ello, doña Emérita constató como se abren puertas cuando una mujer comienza a tomar decisiones por su cuenta.

Doña Emérita mujer taxista
Abogado Roberto Alonso Matute, entregando las escrituras a doña Emérita en 1990

Luchando a diario

“No fue fácil, peleamos”, dijo. Ya que, en esos tiempos, ella se levantaba desde temprano, mientras hacia sus quehaceres domésticos, vigilaba al mismo tiempo a sus hijos mientras estos jugaban. Al llegar su esposo al mediodía cambiaban de labores, y ella se iba a “taxiar”.

Aunque teniendo inconvenientes, y en su momento considerada “la piedra en el zapato” para otros taxistas, ningún obstáculo detuvo a este ejemplo de mujer luchadora.

Llamándolos “peceros” ¿Por qué?

En su ruta, ellos solamente cobraban en ese entonces L1, por otro lado, los otros alcanzaban hasta L10. Por ello, las personas los preferían, ya que no los perjudicaban y no se aprovechaban.