Don Servando: 101 años de anécdotas y sabiduría (VIDEO)

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COPÁN. En un recóndito paraje del occidente de Honduras, en la comunidad de El Corpus vive don Servando Saavedra de 101 años de edad, el alegre e histórico y cazador de historias que casi nunca usa corbata ni buen traje, sino más bien, pantalón sencillo y camisa característica del lugar.

Nació un 14 de junio de 1914, una época caracterizada por las penurias económicas, verdaderos juramentos, amigos inseparables y muchos misterios, su felicidad está con su esposa Teodolinda Caballero de 83 años; tienen una hija, Evelina Caballero, once nietos y once bisnietos.

Aunque su rostro esté gastado por los años, su sonrisa sigue siendo la misma de antes, su tono de voz es bajo pero audible y así nos relató una historia de 101 años.

INFANCIA Y JUVENTUD

Saavedra ha sido agricultor por excelencia, querido por sus vecinos y amado por su familia. Tuvo una infancia sufrida por los múltiples esfuerzos por salir adelante, su padre quien también llevaba el mismo nombre falleció cuando él apenas nació, por lo que no tuvo la dicha de conocerlo.

Nos cuenta que cuando era un niño, solía ser muy respetuoso y obediente sobre todo con su madre Elisa Aranda, también le hacía los “mandados” a las señoras que en aquel entonces lideraban la vejez en el recóndito pueblo. Hizo tres años de escuela suficientes para aprender a leer y escribir, los cuales asegura fueron muy provechosos porque aprendió mucho de su tío Apolonio Aranda, de vez en cuando iba con su bolsón de tela, su profesor les prestaba un libro para leer, luego les dictaba las lecciones y que se pudieran reunir a hacer tareas grupales; aunque pasa el tiempo no deja de recordar a sus queridos compañeros y amigos de infancia que ya murieron: Juan reyes, Liceo Aguilar y Salomón Miranda, con quienes confiesa en más de alguna ocasión hizo una “travesura blanca”.

“En ese tiempo la gente era honesta y con respeto, su mamá le decía a uno tal cosa tenía que hacer y así lo hacía, no andaba ni preguntando y ahora dicen ¡andá muchacho!”, señaló el abuelo.

Por la tarde nunca faltó la taza de café y su semita, la cual valía seis centavos, antes sólo habían reales, pesetas, medios, tostones y pesos; “pura plata vieja”.

Cuando cumplía años acostumbraba ir a la casa de cada uno de sus tíos para que le dieran dinerito, una familia de estables recursos económicos de aquella aldea tenía por costumbre darle un traje para que lo estrenase ese día.

A la edad de 16 años don Servando hacía trabajos de tabaco, trigales, al finalizar la jornada de labores iba a su casa con más de una espina en sus pies, esto le aquejaba y aun así llegó a los 20 años y descalzo, no soportó más y decidió decirle a su mamá que ya no iba a trabajar porque los pies los tenía maltratados de tanto andar descalzo en las vegas del pueblo; doña Elisa para no seguir viendo aquel jovencito con la cara triste, consiguió 7 lempiras para comprar un par de zapatos.

Recuerda que lo primero que hizo fue una milpa la cual puso en venta, había quienes le ofrecían hasta 75 centavos por una fanega de maíz. También cultivaba repollo, cebolla, trigo, papa y sandía.

Como cualquier joven de esa época, era un apasionado por la marimba, salía a pasear en las fiestas de abril, septiembre y la pascua; de vez en cuando tomaba un” aguardiante” y confesó no haber sido un “pica flor”. Como era algo tímido tuvo que utilizar letras románticas en sus cartas para conquistar a su gustada muchacha de entonces, se fueron conociendo hasta que se casaron, él tenía ya 35 años.

¿Su vida como militar cómo fue?

“Era un militar disciplinado, antes era rígido, desde los 20 años ya era reclutado y nos sacaban a las 12 de la noche a retenes porque Honduras antes pasaba en constantes guerras, íbamos todos los domingos a entrenamientos a un cuartel pequeño en La Unión porque antes no había batallones, me gustó la experiencia porque aprendí mucho, recuerdo que formábamos filas y nos poníamos firmes, nos desplegaban en guerrilla, pecho en tierra, colocábamos el arma, la cargábamos y luego se disparaba”, enfatizó don Servando.