Día del Abogado: Erling, el joven que se convirtió en profesional del Derecho vendiendo huevos

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Joven se hizo abogado vendiendo huevos
Para Erling Fonseca no hubo ningún pero para obtener su título de abogado.

TEGUCIGALPA, HONDURAS. Cada 30 de abril se conmemora en Honduras el Día del abogado, una fecha que llena de mucha satisfacción a aquellos hondureños que día a día se desempeñan en tan loable profesión.

El Día del Abogado se instituyó en Honduras el 19 de diciembre de 1942 por Esteban Guardiola, entonces presidente de la Sociedad de Abogados de Honduras.

La iniciativa, que promovió Guardiola, tenía como propósito “que todos los colegas recuerden especialmente en esa fecha los derechos y deberes que importa el ejercicio de la profesión”, reza un acuerdo de esa fecha.

En la actualidad, en Honduras son muchos los abogados y abogadas que día a día luchan por impartir justicia desde diferentes trincheras, como la academia y en los entes operadores de justicia.

Pero no para todos es fácil llegar a ser un abogado, muchos pasan por grandes sacrificios o obstáculos para lograr su sueño. Pero, al final pueden confirmar con orgullo que cada dificultad vale la pena.

Tal es el caso de Erling Fonseca, un joven que vendiendo huevos logró obtener su título universitario y se convirtió en profesional del Derecho. El capitalino muestra con orgullo que gracias a su emprendimiento logró cumplir su sueño.

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Historia de sacrificio, esmero y éxito 

Para Erling nunca existió la pena o el qué dirán, él tenía una meta a la que llegar, por eso emprendió su propio negocio para pagar sus estudios. El joven comenzó a vender huevos, un alimento básico en la mesa del hondureño, se ayudaba de una moto o carro para poder moverse.

El joven tuvo que aprender a manejar bien sus tiempos, pues debía estudiar en algunas horas y trabajar en otras, no era extraño verlo de saco y corbata ofreciendo huevos. Y fue así como poco a poco iba saliendo adelante y construyendo su historia de éxito.

La idea de emprender con los huevos se la dieron unos amigos y compañeros de clases, para él era algo nuevo, pero había un gran espíritu de perseverancia. Poco a poco el negocio fue creciendo, al igual que los clientes, hasta que llegó a su título de abogado.

Para Erling no fue nada fácil titularse como abogado, pero tampoco fue imposible, él se ha dedicado toda la vida a ganarse la vida de manera honesta y ahora sueña con tener su propia bodega de huevos y seguir con la abogacía.


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