Después de la lectura ella me regaló un abrazo

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Marco Tulio Del Arca

A Karla Coreas la conocí en San Pedro Sula, Honduras. Asistí a la presentación de su poemario COMO DOS PERFECTOS EXTRAÑOS.Ella es nacida en Santiago de María, Usulután, El Salvador, pero tiene raíces hondureñas. En realidad es una persona agradable con muestras sinceras de su accionar en los caminos del verso como también en la forma de ver la existencia de los demás. En lo personal me dejo un buen sabor. Advertí en cada frase la característica de alguien que entiende la diversidad del público. Su inspiración está enmarcada en su universo interior, es lógico, pero se desprende del mosaico amoroso y más de la experiencia en un ambiente que   comparte con sus sueños y sus inquietos fantasmas poéticos. En realidad es una poeta de hoy.

Esto lo expreso, quizá, en contra de otros criterios, lo sé. Karla es fotógrafa, traductora, activista, escritora y reside en Nueva York desde 1985.Ha publicado en revistas y periódicos   dentro y fuera de Los Estados Unidos. Dirige la editorial Urpi Editores .Actualmente es la responsable del festival Latinoamericano de poesía en la ciudad donde vive. Tiene   diversos libros, ente ellos TARDE EN MANHATTAN. Ha traducido al Israelita Amir Or, al checo Martin Set, al cubano Luis Manuel Pérez Boitel y al salvadoreño Otoniel Guevara. Leamos algo de su abundante creación:

POEMA EN SERVILLETA. Se precisa de valor para atosigarse de amor para confesarle a todos sin decir nada cuando lo ves, cuando te mira…para caminar por el west side sin rumbo exacto caminar a su derecha los domingos de otoño caminar por la vida, por el west side y más los edificios son ahora mas amables de pronto Manhattan es una ciudad mágica se compadeció de mi llanto se apiadaron de mi estas avenidas escenario insospechado donde aún aguardo esperanza.

COMO DOS PERFECTOS EXTRAÑOS. Caminar Manhattan no tan sola ver con otros ojos las calles que debería recorrer con el, el poeta la asedia la acaricia como si en esta parte del hemisferio ella es el centro mismo la envuelve   la rehúye no hay escapatoria lo inexplicable se apodera de sus pasos la lleva por caminos prohibidos los rodean las miradas inquisidoras de un orbe desconocido para ambos ella que busca situarse más al sur la jala una fuerza la mortifica no hay justificación solo el momento de caminar como dos perfectos extraños les da calma   los libera

la conversación de ellos se da en total silencio su eco se transfiere se escucha en las bocinas estrepitosas de los trenes subterráneos los delata se transforma el paisaje Manhattan es exuberante es temiblemente la cómplice de seres que se hallaron un febrero en sendero de lo inconcebible se condenan se recriminan no soportan el calor e sus cuerpos separados el frio de la ciudad les adormece los pensamientos en seguida vuelven a sus quehaceres a su literatura personal a su encuentro con lo inefable privilegio admirado por otra el de ellos es evidente esa otra no conoce del peso del amor no sabe de la nieve bañándoles del ají que adormece el paladar para continuar sedando la angustia   la lujuria la enajenación total.