Dar nombres de policías, el error mortal de Alfredo Landaverde

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Hilda Caldera, viuda de Alfredo Landaverde, asesinado por sicarios el 7 de diciembre de 2011 en Tegucigalpa. Credit Orlando Sierra/AFP/Getty Images

Segunda Parte.

NUEVA YOR, Estados Unidos. Alfredo Landaverde estaba harto de la corrupción dentro de las fuerzas de seguridad, establece en su extenso reportaje el The New York Times.

Según el diario estadounidense, ese malestar lo llevó a la televisión en noviembre de 2011 y con su característica franqueza cometió un error mortal: Dio nombres de los corruptos.

“El General Muñoz Licona tiene a su gente adentro, oficiales que están dispuestos a jugársela con él. El General Ramírez del Cid sabe bien quiénes son los jefes del crimen organizado en Honduras, en cada departamento, en cada municipio, en cada ciudad grande. Sabe quiénes son los policías que están en bandas, operando con el crimen organizado o que tienen su propia banda»,  dijo Landaverde a la TV señala el The New York Times en su nota titulada: Tres generales y un cartel: violencia policial e impunidad en Honduras.

En esta segunda entrega del extenso reportaje del NYT, se detalla cómo también mataron a Alfredo Landaverde:

Pero The New York Times sí ha tenido acceso al informe realizado por la Inspectoría General de la Policía sobre el asesinato, en 2011, del político de la Democracia Cristiana Alfredo Landaverde, que había ocupado el mismo cargo que el General Arístides González y era uno de sus colaboradores. La misma cúpula policial vuelve a estar implicada en dar la orden, planificar, ejecutar y encubrir su asesinato.

Landaverde acudió a la televisión en noviembre de 2011. Estaba enfadado por lo que veía a su alrededor y decidió hablar, harto de la corrupción dentro de las fuerzas de seguridad. Había dirigido la lucha contra el narcotráfico y conocía bien su contexto. Explicaba que el país había caído en manos del crimen organizado desde que fue utilizado en la década de los setenta como base de operaciones para las guerras irregulares de

La Contra, una guerrilla que luchaba contra el gobierno sandinista en Nicaragua.

A cambio de acceso logístico, sucesivos gobiernos hondureños habían dado facilidades a los narcos para que pudieran llevar la droga de Colombia hasta los Estados Unidos. Esa decisión acabaría sumiendo a Honduras en una espiral de violencia sin fin. Entre 2009 y 2014 fue el país con más asesinatos per cápita del mundo.

Ver reportaje completo: Tres generales y un cartel: violencia policial e impunidad en Honduras

Llegó a tener 91 homicidios por cada 100.000 habitantes. Zonas como San Pedro Sula o la Ceiba tenían 150 homicidios por cada 100.000 habitantes. La Organización Mundial de la Salud ha catalogado cualquier cifra que supere los 8 por cada 100.000 habitantes como “epidémica”.

Landaverde también explicó que el crimen organizado buscaba a los policías que están en los lugares clave de la ruta que comienza en la costa Atlántica, en el mar Caribe, y sigue por tierra hasta Guatemala. Esos policías eran sujetos de infiltración y los mismos narcotraficantes a los que se había detenido reconocían que tenían un grupo de oficiales que colaboraba con ellos y controlaban toda la ruta terrestre a lo largo del país. Honduras no es un país productor ni consumidor de cocaína. Es solo el lugar por el que transita y en esa tarea, la policía jugaba un papel fundamental.

Pero cometió un error mortal: dio nombres. “El General Muñoz Licona tiene a su gente adentro, oficiales que están dispuestos a jugársela con él”. Y agregó que “el General Ramírez del Cid sabe bien quiénes son los jefes del crimen organizado en Honduras, en cada departamento, en cada municipio, en cada ciudad grande. Sabe quiénes son los policías que están en bandas, operando con el crimen organizado o que tienen su propia banda. Son crimen transnacional organizado, las pandillas y las bandas de la policía que colaboran con el narcotráfico. Reciben dinero de ellos. Todos nosotros sabemos quiénes son. El crimen organizado es un aparato con todas las de ley, incluyendo inteligencia con policías y militares reclutados. La infiltración en Honduras es terrible”.

A primeras horas de la mañana del 7 de diciembre de 2011 fue asesinado por un sicario cuando estaba detenido en un semáforo a la entrada de Tegucigalpa. Su mujer, Hilda Caldera, herida de bala en la espalda, logró sobrevivir.

El sicario, un civil que iba de pasajero en una moto de la policía conducida por un agente de servicio y cumplía órdenes de los mismos oficiales que habían asesinado al General Arístides González. El General Ramírez del Cid ya había ascendido de director de Inteligencia a director general de la Policía.
El informe de la inspectoría, fechado apenas seis meses después del asesinato, en mayo de 2012, explica lo siguiente: