¿Cómo y por qué nace la curiosidad en el ser humano?

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Los bebés no son los únicos que utilizan la curiosidad perceptiva, mientras que, en el reino animal, los cuervos son los mejores desarrollándola.

REDACCIÓN. La curiosidad está tan arraigada en las personas que, desde el mismo momento que abre los ojos al nacer, es una de sus constantes. Los bebés aprenden en base a ello, de la misma manera que aprendemos a convertirnos en adultos con el paso de los años y, una vez allí, a sobrevivir el resto de nuestra vida.

Katherine Twomey, profesora de lenguaje y desarrollo comunicativo de la Universidad de Manchester, explica que «el consenso general es que la curiosidad es un medio de recopilación de información«.

Pero los científicos creen que hay un factor genético en la curiosidad: no en la forma de un gen que active o anule este comportamiento, sino en las formas complejas de interactuación de las personas.

De hecho, un estudio de 2007 reveló que un gen específico que está presente en algunas especies de aves solitarias cambiaba con el tiempo. Las mutaciones en ese gen, conocido como DRD4, se han asociado en los humanos con el interés de una persona por buscar novedades.

En consecuencia, si ese gen ha mutado o no, las personas, desde su nacimiento, son curiosas por naturaleza. Como explica Katherine Twomey, «si los bebés no tuvieran curiosidad, nunca aprenderían nada y no habría desarrollo».

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Tipos de curiosidad

¿Se imaginan que los bebés no tuvieran curiosidad por aprender a hablar? Esa curiosidad es vital en las primeras etapas de vida y está demostrado por medio de cientos de estudios que los bebés prefieren la novedad a lo ya conocido. Transcurrido un período de tiempo, los bebés pierden el interés por lo viejo y buscan novedades. Es lo que los psicólogos denominan ‘curiosidad perceptiva‘.

Los psicólogos han identificado otro tipo de curiosidad a la que denominan ‘curiosidad epistémica‘. Se trataría de una práctica que aparece en facetas posteriores de la vida ya que puede requerir un lenguaje más complejo y trataría, básicamente, de «buscar conocimiento y eliminar la incertidumbre», según la profesora Twomey.

Agustín Fuentes, profesor de antropología de la Universidad de Princeton, valora este tipo de curiosidad y la cree vital en la evolución de la humanidad, inventando tecnologías en cada paso de su historia.»Los humanos, en nuestro linaje distintivo, fuimos más allá de simplemente ajustar la naturaleza a imaginar e inventar nuevas posibilidades que surgen de ese tipo de curiosidad», agregó.

Sin embargo, la curiosidad tiene riesgos. Probar una nueva idea puede llevar al desastre, tal y como explica el profesor Fuentes.

«La curiosidad probablemente llevó a la gran mayoría de las poblaciones humanas a la extinción», explicó. Pero, en definitiva, trata de la supervivencia y de cómo los humanos hemos sido evolucionando en nuestra especia gracias a nuestro interés por cosas nuevas. Y, a buen seguro, el futuro seguirá despertando la curiosidad del hombre.


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