Chilenos desoyen el toque de queda con sentadas masivas y cacerolazos

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Las fuerzas policiales actuando contra los manifestantes en Valparaíso, Chile.

En Chile no hay una guerra, pero en Santiago y otras ciudades hay más de 10.000 soldados en las calles, rige el estado de emergencia y al atardecer se aplica el toque de queda que miles de manifestantes mayoritariamente pacíficos desoyen con sentadas masivas y cacerolazos.

Jóvenes indignados

Los incidentes violentos y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, provocados por los jóvenes más indignados con la inequidad de este país tantas veces ejemplo de desarrollo macroeconómico en Latinoamérica, empiezan de día y se prolongan hasta la madrugada.

Y en medio hace su agosto la delincuencia común y el lumpen que pervive en decenas de barrios con bolsones de pobreza que el sistema neoliberal heredado de Pinochet nunca generó herramientas sociales para desactivar.

Con un coste de la vida a precios europeos, salarios tercermundistas, leyes laborales draconianas y grandes empresarios que pagan impuestos ridículos, la clase media ha dicho basta a la clase política, desde la derecha gobernante de Sebastián Piñera hasta la centroizquierda opositora que repartieron el poder desde el fin de una dictadura donde el general dejó un sistema económico atado y bien atado.

El detonante

El detonante de esta revuelta ciudadana han sido cuatro míseros céntimos de euro, los 30 pesos que hace una semana aumentó el billete del metro santiaguino, que pasó a costar el equivalente a 1,04 euros, lo mismo que en Barcelona con la tarjeta multiviaje, pero con un salario mínimo de 378 euros al cambio y los apenas 700 euros de sueldo que cobran dos terceras partes de una población endeudada para pagar la comida, las medicinas, los servicios médicos o la educación.

Entre tanto, Piñera dio marcha atrás el sábado y suspendió la subida del metro. No obstante,  las protestas y los disturbios continuaron y se extendieron por el país. El domingo llegaron a Punta Arenas, la ciudad más austral, en el estrecho de Magallanes. La sede de El Mercurio de Valparaíso, el periódico más antiguo de Chile, fundado en 1827, fue incendiada.

Desde el inicio de la revuelta, se contabilizan once muertos, la mayoría calcinados en incendios durante saqueos a supermercados, 110 en todo el país, según el ministro del Interior, Andrés Chadwick, que ayer denunció que la violencia callejera está “organizada” y defendió a Piñera, que el día anterior había tildado de “guerra” a esta crisis, desatando el rechazo generalizado.

“No podíamos tener la ingenuidad de pensar que no había una acción que pudiese estar vinculada, organizada en algunos de estos sectores de delincuentes, y resulta bastante evidente con lo que ha pasado los últimos días”, señaló Chadwick.

Chile tiene un coste de la vida a precios europeos y salarios tercermundistas

“Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable que no respeta a nada ni a nadie. Está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite incluso cuando significa la pérdida de vidas humanas, con el único propósito de producir el mayor daño posible”, había señalado Piñera, echando más leña al fuego.

“Ellos están en guerra contra todos los chilenos que quieren vivir en democracia”, remarcó el mandatario. Asimismo, calificó de “criminales” y “delincuentes” a los violentos, aunque dijo respetar el derecho a manifestarse pacíficamente.

En ese orden, las palabras de Piñera aumentaron la indignación y fueron rápidamente respondidas por líderes opositores.

“En Chile no hay ninguna guerra, es un profundo error usar ese lenguaje. Lo que hay son actos delictuales que no han tenido una respuesta eficaz. Un malestar ciudadano acumulado del cual todos tenemos que hacernos cargo”, tuiteó el presidente del Senado, el socialdemócrata Jaime Quintana.

Uso de una retórica

La expresidenta socialista y alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos emitió ayer un comunicado. En el escrito de Bachelet critica la declaración de guerra de Piñera. “El uso de una retórica inflamatoria solo servirá para agravar aún más la situación. Se corre el riesgo de generar miedo en la población”, afirmó Bachelet.

“Exhorto al gobierno a que trabaje con todos los sectores de la Sociedad. Esto hacia soluciones que contribuyan a calmar la situación e intentar abordar los agravios de la población”, añadió la exmandataria.

Además, Bachelet mostró su preocupación por las denuncias de manifestantes por el “uso excesivo de la fuerza». La exmandataria se refirió a algunos miembros de las fuerzas de seguridad y del Ejército”.