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domingo, febrero 5, 2023

En Catar, las carreras de dromedarios son una pasión nacional

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AFP. El Mundial de fútbol no es la única competencia que despierta pasiones en Catar. Tras el inicio del torneo este día en el estadio Al Bayt entre el país anfitrión y Ecuador, otro tradicional evento atrae a los hombres de este emirato desde hace décadas: las carreras de dromedarios.

Nada más llegar a Al-Shahaniyah, un municipio a unos 40 kilómetros de Doha, la escena impresiona. Se ven decenas de estos animales característicos del golfo arábigo conducidos por sus cuidadores o descansando sobre la arena, a la espera de un entrenamiento o de disputar una carrera.

En los numerosos establos alrededor de la pista, estos dromedarios reciben un tratamiento especial, similar al de los caballos de turf.

Nasser, de 29 años, era uno de los presentes este sábado para observar desde su automóvil las carreras.

Gran tradición 

Con su tradicional traje blanco, o thobe, no quiso salir en fotos a pesar de su simpatía y hospitalidad.

Al ver el interés que despertó en un grupo de periodistas sudamericanos (un reportero brasileño, un fotógrafo colombiano y otro uruguayo) las carreras de camellos, los invitó a su casa familiar para tomar té y comer el tradicional pan árabe.

“¡Oh! ¡Neymar! ¡Cavani! ¡James Rodríguez!”, exclamó, mostrando que también conoce de fútbol, mientras su sobrino jugaba un partido del FIFA 23 en su consola.

Catar carreras de dromedarios
Hasta comienzos del siglo XXI, los camellos eran montados por niños, pero esta práctica se declaró ilegal a finales de 2004.

Nasser cuenta que las carreras suelen realizarse los sábados al alba, a las seis de la mañana, cuando el sol está naciendo y el calor no sofoca.

“Son pruebas de 4, 6 y 8 kilómetros. los mejores camellos pueden recorrer cuatro km en hasta cinco minutos”, explica Nasser, que es propietario de cinco ejemplares.

También cuenta que es dueño de un establo cerca de la pista que, según él, vale miles de dólares.

Jinetes robot

A pesar de que competidores y aficionados valoraban la tradición, era necesario adaptarse a los nuevos tiempos. Los camellos eran montados por jinetes menores de edad, pero el riesgo de accidentes y las denuncias de abusos contra los derechos humanos llevaron a prohibir esta práctica en Catar.

Fue allí, como ocurre con el VAR en el fútbol, donde intervino la tecnología para solucionar el problema. Los camellos ahora son montados por jinetes robot más pequeños y livianos que un niño.

El operador activa de forma remota un palo que funciona como un látigo, hace que el robot tire de las riendas e incluso da gritos de aliento a través de un altavoz incorporado.

Camellos   

Los camellos de carreras pueden alcanzar velocidades de hasta 65 kilómetros por hora cuando corren una distancia corta y mantener una velocidad de casi 50 km/h durante una hora.

Y hablando de distancias, es de noche cuando la gigantesca pista está toda iluminada y muestra su asombroso tamaño. La energía subsidiada por el estado permite esta extravagancia.

El precio de los resistentes animales que participan en estas carreras también es impresionante. “Un camello de carrera cuesta al menos 500,000 dólares“, dice Hafiz, de 58 años, tío de Nasser, militar retirado y que posee 12 camellos. “Empiezan a competir a los 2 años. Y se ‘retiran’ alrededor de los nueve”, añade.

Catar carreras de dromedarios
El Mundial de fútbol no es la única competencia que despierta pasiones en Catar.

Entre uno y otro sorbo de té y galletas, Hafiz exhibe orgulloso en su salón los cuadros con fotos de sus camellos que ya han sido premiados.

Después del entrenamiento, los animales son devueltos al establo, donde son alimentados e incluso reciben soluciones intravenosas que contienen diversas vitaminas, electrolitos, aminoácidos y otros nutrientes.

“Las lesiones en las patas se tratan rápidamente para que no se produzcan infecciones”, explica Nasser en un inglés básico que habla fluidamente.

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La tradición se mantiene

Estas carreras comenzaron a disputarse en Catar en 1972, un año después de que se fundara este emirato. Pero ya existían desde antes en esta zona del mundo.

El paso del testigo de generación en generación es evidente al escuchar las historias de Hafiz y su sobrino Nasser. Y ver a los niños de la familia, menores de 5 años, subiéndose a los camellos con aplomo.

Las carreras son tan populares que incluso existe un canal local que las retransmite y son seguidas asiduamente por televisión o en los teléfonos móviles.

Fuera de la pista de arena, hay una de asfalto donde los aficionados pueden seguir la evolución de los animales con sus coches. Los boletos no se cobran.

Y en el momento de la salida, una pantalla gigante muestra la carrera. Un locutor exaltado suelta su potente voz, proyectada a través de los parlantes, y narra la prueba. Como si estuviera narrando una final de la Copa del Mundo.

Pero en Catar el torneo más importante de fútbol solo durará un mes y muchos de los estadios que se utilizarán incluso serán desmantelados después del final del Mundial, pero la pista de Al Shahaniya, y la pasión de los cataríes por las carreras de camellos, seguirá inalterada.

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