Cardenal Rodríguez confía en una salida para acabar con violencia en el país

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Cardenal Óscar Andrés Rodríguez

TEGUCIGALPA. Durante la celebración de la Vigilia Pascual, celebrando la resurrección de Jesucristo el cardenal Óscar Andrés Rodríguez, pidió por una cultura de la vida al tiempo que confió en que si hay una salida para acabar con la violencia, la muerte y el crimen organizado en el país.

“¿Por qué quedarnos en la tristeza y en el pesimismo frente al futuro?, que esta Honduras no tiene remedio, no hay manera de parar la violencia, la muerte, el crimen organizado…si la hay y no podemos quedarnos encerrados en los sepulcros” enfatizó.

El Cardenal anotó que lamentablemente los titulares el lunes serán sobre los muertos cuando debería ser que Cristo ha resucitado. “El lunes vamos a encontrar en los medios tantos ahogados, tantos muertos en accidentes, ¿serán esas las noticias?, los primeros titulares de los medios deberían ser Jesús ha resucitado, esa es la gran noticia, la que nos va a dar fe, por eso no busquemos entre los muertos al que está vivo, busquémoslo dentro de nosotros”, subrayó el religioso.

Citando el pasaje bíblico contenido en el evangelio de Lucas, cuando las mujeres fueron al sepulcro de Jesús, llevando los aromas y los ángeles les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”

Refirió que la muerte ha sido vencida, la noche se ha convertido en aurora de esperanza, porque Jesús ha resucitado y vive para siempre.

“El sepulcro está vacío, hoy abandonemos los sepulcros vacíos, éstas mujeres encontraron corrida la puerta del sepulcro, entran y no hayan el cuerpo de Jesús, se encuentran con dos personajes con vestidos refulgentes que les preguntan: buscáis entre los muertos al que vive?”, recalcó.

El purpurado también remarcó que Jesús no es un simple recuerdo histórico, sino que es una presencia en nuestra vida y no nos debemos encerrar en un sentimiento de decepción, de fracaso, de desesperanza ante la vida porque el
Señor ha mostrado su amor hasta el final.

Añadió que Jesús está en el rostro del pobre, en el rostro del que sufre, en el rostro de cada prójimo con el cual nos encontramos y por eso al Señor hay que buscarlo donde hay vida no en lo que está muerto y que ya no sirve.