Primera Comunicación Nacional

Fue un 29 de julio de 1995, tres años previo al paso del huracán Mitch, que Honduras ratificó la firma del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Parte de ese convenio exigia a cada país, miembro del acuerdo, presentar periódicamente diagnósticos y medidas de contribución y mitigación al Cambio Climático y los efectos en los países firmantes del acuerdo.

La ONU determinó llamar a esos informes Comunicación a la Convención de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, pero ¿qué es ese documento?

Se trataba de un informe que recogía los resultados de diferentes consultorías realizadas por varias instituciones nacionales e internacionales, donde planteaban diagnósticos y medidas de mitigación y estrategias ante el Cambio Climático.

Uno de los más alarmantes apuntes de la Primera Comunicación Nacional de Honduras, es que admitían la elevación del mar y por ello recomendaban “establecer monitoreo de esa elevación e identificar las zonas vulnerables».

Desde la «Primera Comunicación Nacional» en el año 1995, establecían que desde hacía 25 años existía una falta de voluntad política a niveles de decisión para cumplir las leyes y reglamentos relacionados con la protección y planificación ambiental.

Asimismo, planteaba que «el tema sobre el cambio climático no se difundía en universidades; tampoco en colegios de segunda enseñanza, así como de los colegios profesionales y público en general».

Hoy, en el año 2020, Honduras ya sufre las consecuencias de un cambio ambiental pronosticado y advertido.

La ingeniera Xiomara Gómez de Caballero, exsecretaria de Estado en los Despachos de Recursos Naturales y Ambiente, firmó en el año 2000 la carta de presentación de la Primera Comunicación Nacional.

Oficio S-1047-2000 con fecha 8 de noviembre de 2000.

Más documentos, menos acciones 

Doce años después de la publicación de ese documento, surge la Segunda Comunicación Nacional, estando al frente de Recursos Naturales y Ambiente, el doctor Rigoberto Cuéllar Cruz.

En ese último se concluyó que «el aumento del nivel del mar modificaría la dinámica costera. Tambien la línea costera y playas, y la infraestructura asociada a ellas».

«Por su parte, el efecto combinado del incremento en el nivel del mar y la propensión a marejadas y alto oleaje por huracanes o vientos fuertes pone en riesgo a zonas como los asentamientos poblacionales de Omoa, Puerto Cortés, Tela, La Ceiba, Trujillo, Brus Laguna, y Puerto Lempira, en la costa norte», señalaba el informe.

También, Roatán, French Harbour, Oak Ridge, West End, Cayo Bonnaca y Utila y demás en las Islas de la Bahía.

«Los asentamientos poblacionales de las etnias garífuna y miskita, y la población ladina que se ubican en la línea costera atlántica serían seriamente afectados», advierte el documento.

Cabe recordar que este se publicó en el año 2012. Es decir, dos años más tarde que los biólogos de Cuerpos de Conservación de Omoa hicieron el primer aviso.

No obstante, «las familias siguen ahí», reiteró Gustavo Cabrera y no hay acciones concretas para mitigar los efectos del Cambio Climático.

Por si fuera poco, se habló de una Tercera Comunicación Nacional, sin embargo, a la fecha no está visible.