Byron Castellanos, un hondureño que lucha contra la anemia facilforme

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Byron Castellanos
A pesar de todos los obstáculos, Byron Castellanos siempre tiene una sonrisa en su rostro.

REDACCIÓN. Byron Castellanos es un joven hondureño residente en los Estados Unidos, quien ha luchado cada día de su vida a pesar del constante dolor contra una enfermedad silenciosa y poco comprendida, conocida como anemia falciforme.

De acuerdo con el doctor Cristian Alvarado, «la anemia facilforme también conocida como  anemia drepanocítica», es una enfermedad hemolítica hereditaria. Los pacientes que tenemos actualmente todos vienen de herencia de familia, de padres y de abuelos», sostuvo.

Además, el doctor agregó que «la anemia drepanocítica es una enfermedad que tiene complicaciones en todos los órganos». Para Castellanos, cada día es un regalo para continuar en su lucha por vivir ya que, «literalmente uno no sabe si va a seguir vivo a las dos horas o al día siguiente».

Según los especialistas, los pacientes corren el riesgo de tener un infarto cerebral, «lo cual significa que un área del cerebro no va a recibir un río sanguíneo propio». También puede producir mucho dolor en las articulaciones y en lugares donde tenemos mayor cantidad de estos capilares.

«La enfermedad consiste en que los glóbulos rojos se vuelven rígidos y adoptan una forma de media luna. Esto hace que estas células se atasquen en los vasos sanguíneos más pequeños, bloqueando el flujo de sangre y con ello la entrada de oxígeno».

Imagen de referencia. La anemia facilforme es común entre individuos con descendencia africana e hispana.

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Un constante e intenso dolor

El joven hondureño describe ese dolor, como si él estuviera debajo de la llanta de un automóvil. Según cuenta, ese enorme peso oprime su pecho, lo cual, el respirar se convierte en una misión imposible.

En palabras de Castellanos y sin perder su sonrisa, cuenta que la situación que vive a diario, «es horrible, porque le dan fármacos más fuertes, y a uno no se le quita el dolor, a veces dicen, ‘¿Cómo puede ser, ya te dimos tantos fármacos?’, pero no se me baja, no se me quita el dolor».

Diagnóstico a temprana edad

Carlota Estrada, madre de Castellanos, narra que su hijo empezó con dificultades respiratorias a la temprana edad de 6 meses en Tegucigalpa. Esto, debido a constantes fiebres y que cada día la salud de su criatura se iba complicando, hasta llegar a urgencias del Hospital Escuela.

«A él le practican inmediatamente exámenes, y como a las dos horas llaman a mi esposo aparte, le dan un diagnóstico y lo ingresan a cuidado intensivos (Castellanos), porque estaba grave», recuerda la madre entre lágrimas.

Según Estrada, de no ser ingresado al hospital, su hijo habría muerto. Por tal razón, comenzaron las visitas frecuentes a los centros asistenciales, donde los médicos no auguraban un buen futuro.

Su manera de ser le ha permitido vivir

Gracias a su manera de ser, y que su rostro sin importar los obstáculos no pierde su sonrisa, ha podido salir adelante. «Él hacia la vida diferente, siempre la gente no le cree que esta tan mal, porque tiene esa gran sonrisa», resaltó su madre.

Aunque no pudo realizar las actividades diarias de cualquier niño normal como jugar, nadar, andar en bicicleta, correr o hacer cualquier otro deporte, el tenía un sueño. El cual era ser un médico hematólogo, para luchar y ayudar a los demás con enfermedades similares a la suya.

«Entré a los 16 años a la universidad emocionado como todo mundo, empecé la carrera de medicina», recordó. Pero su sueño se vio frustrado, debido a la demanda física que exigía estudiar dicha carrera.

Byron con 16 años ingreso a la univerisdad, pero tuvo que abandonarla por su enfermedad.

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Trasplante de médula ósea

Seguidamente, tomó la segunda decisión más difícil de su vida, dejar a Honduras para someterse a un trasplante de médula ósea en el extranjero. «Salimos del consultorio con mi mamá, y dijimos ‘ok, vamos hacer el trasplante’, cómo, no sé», recordaba entre risas Castellanos.

Tras una exhaustiva investigación, el joven hondureño encontró en donde poner su fe y esperanza. Ese lugar es el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, NIH, por sus siglas en inglés.