Por qué algunas guerras reciben más atención que otras

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Por AMANDA TAUB-9 de octubre de 2016.-Es una verdad universalmente reconocida por los corresponsales de guerra, funcionarios de ayuda humanitaria y diplomáticos occidentales: el público le pone mucha atención a algunas guerras, como la de Siria, lo cual puede traducirse en mayor presión para que haya una resolución.

Sin embargo, muchas otras no gozan de esa atención, como el conflicto de Yemen, que es muy encarnizado pero bastante ignorado.

Algunas de las razones son obvias; la escala de la guerra siria es catastrófica y mucho peor que la de Yemen, pero la atención consiste en algo más que cifras. En el conflicto del Congo oriental, por ejemplo, murieron millones de personas y millones más fueron desplazadas, pero obtuvieron poca atención internacional.

Cada país tiene su propia versión de esa dinámica, pero en Estados Unidos se manifiesta de una forma única.

Estados Unidos es una superpotencia pero a menudo los estadounidenses parecen tan introspectivos que resultan casi provincianos. Muchas veces los extranjeros se sorprenden de que los noticieros de ese país pasan mucho menos tiempo cubriendo lo que pasa en el resto del mundo de lo que los programas noticiosos del resto del mundo le dedican a cubrir lo que sucede en Estados Unidos.

Cuando el mundo pregunta por qué Estados Unidos ha olvidado el conflicto de Yemen y otros como ese, la situación está al revés. La verdad es que la falta de atención es lo que pasa normalmente, no la excepción.

Los conflictos obtienen la atención estadounidense solo cuando ofrecen una narrativa que atraiga tanto al público como a los actores políticos. A menudo eso requiere una combinación de relevancia inmediata en cuanto a los intereses estadounidenses, resonancia con los debates políticos estadounidenses o cuestiones culturales, y quizá más que cualquier otra cosa, un marco emocionalmente entrañable en el que se puedan identificar claramente los buenos y los malos.

La mayoría de las guerras —incluidas las ocurridas en Sudán del Sur, Sri Lanka y, desde luego, Yemen— no cuentan con esas características y por lo tanto siguen pasando desapercibidas. Siria es una rara excepción, y por razones que van más allá de su gravedad.

Ahora la guerra está poniendo en riesgo los intereses de Estados Unidos, incluidas las vidas de sus ciudadanos, y les da a los estadounidenses una participación directa en ella. El Estado Islámico ha asesinado a rehenes estadounidenses y ha cometido ataques terroristas en Occidente.

La guerra ofrece una historia atractiva sobre víctimas inocentes y villanos miserables. El Estado Islámico es una organización terrorista con afición por las crucifixiones y las decapitaciones. El presidente de Siria, Bashar al Assad, y sus protectores en Irán, son hostiles a Estados Unidos y responsables por atrocidades terribles.

Que el gobierno de Obama se rehusara a bombardear Siria en 2013, y posteriormente interviniera de manera más plena, también ha hecho de esto una disputa política interna; ha dado a los políticos en ambos bandos un incentivo para interesarse. Esto brindó un atractivo punto de enfoque para los debates políticos de la elección de este año, en torno a la política exterior de Obama y a quién culpar por el colapso del Medio Oriente. Esos debates han afilado y continuado la atención nacional a Siria y les han dado tanto al público como a los políticos un motivo para enfatizar la importancia de la guerra.

Sin embargo, es raro reunir tantos factores en un mismo caso.

El costo humano de la guerra en Yemen es más bajo que el de Siria, y aunque Al Qaeda no opera ahí, el conflicto de Yemen no ha tenido el tipo de impacto que tiene Siria en los intereses estadounidenses y europeos. Ahí no hay una historia evidente de buenos y malos: el país está siendo destrozado por diversas facciones beligerantes en tierra y aporreadas desde el aire por parte de Arabia Saudita, un aliado estadounidense. No hay un villano listo para las cámaras al que los estadounidenses puedan odiar.

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Una mujer y un niño después de un ataque aéreo en Siria Credit Amer Almohibany / Agence France-Presse—Getty Images
Para los intereses políticos estadounidenses, la narrativa de guerra es menos atractiva. Los rebeldes Houthi representan una amenaza directa menor a la que los políticos estadounidenses podrían oponerse. Del otro lado del conflicto están los ataques aéreos saudíes que están matando a civiles y tienen como blanco hospitales y trabajadores humanitarios, a veces con el apoyo de Estados Unidos.