SANTA BÁRBARA. Un hecho lamentable se ha dado a conocer en las últimas horas en el occidente de Honduras.

Se trata de tres niños que se intoxicaron por comer supuestamente anguilas. Los niños muertos responden a los nombres de: Julián Quintero, Álison Gabriela Quintero de 13 años de edad y Liliana Ulloa de 10 años de edad.

Aparentemente, el pequeño Jullián salió temprano a pescar al Río Ulúa que queda cerca de su casa de habitación y finalmente capturaron varias anguilas.

Posteriormente y tras un buen almuerzo, en horas de la tarde, los menores presentaron deseos de vomitar y con fuerte diarrea, seguidamente y de forma repentina empeoraron de salud.

La madre de uno de ellos dijo a los medios de comunicación que con dolor en su alma no se explica a ciencia cierto lo que sucedió, pero asume que fue por los pescados, pues ella no decidió comer, sólo los niños.

Niños intoxicados en el departamento de Santa Bárbara
Niños intoxicados en el departamento de Santa Bárbara

SÉPALO

En Honduras, la mayoría de la población es pobre. Más aún, según estudios económicos un 45% vive bajo el umbral de la miseria; esto significa que muchas familias subsisten con un dólar al día y a muchos no les ajusta para comer los tres tiempos reglamentarios.

En contraste, solo un 5% de la población es rica, esto significa que la mayor parte de la riqueza social se encuentra en unas pocas manos, quienes son los dueños del país y que conforman el grupo de poder que gobierna la patria.

Ante este panorama desolador, de pobreza extrema, por no decir miseria, algo se debe hacer urgentemente. La empresa privada debe ser más equitativa y compartir su riqueza con los trabajadores, quienes son los que generan sus ganancias.

Además, debe mejorar las condiciones laborales en todo aspecto y, sobre todo, otorgar salarios dignos a sus trabajadores. Pero, por sobre todas las cosas, deben respetar las leyes, en este caso la ley laboral y tratar a sus empleados con justicia y equidad. No deben violentar los derechos de los trabajadores de ninguna forma.

La pobreza en Honduras

Es alarmante como las empresas violentan los derechos de los trabajadores y los tratan de una forma humillante. “Si no le gusta como lo tratamos aquí, váyase, hay decenas de personas que quieren el trabajo que usted tiene”. Así amenazan a los trabajadores. Quienes, por necesidad sufren humillaciones constantemente, ya que el porcentaje de desempleo es muy alto.

El gobierno es el encargado de administrar los bienes del país. Y si hiciera una administración eficiente mejoraría considerablemente la calidad de vida de la población. En tal sentido, en los últimos años se han invertido cantidades millonarias en la erradicación de la pobreza. Es tanto el dinero invertido, que a estas alturas no existieran los pobres en Honduras.

Pero, y esto es una catástrofe nacional, la corrupción está presente en todos los estratos de nuestra vida. La corrupción imperante en el gobierno es asquerosa, desastrosa, malvada. Se dice que del presupuesto nacional, el 33% desaparece misteriosamente en los vericuetos de la corrupción. Si por un lado se ha gastado tanto dinero en erradicar la pobreza, a tal grado que las carreteras estuvieran enchapadas en oro. Por otro lado, la verdad es terrible: no ha cambiado la calidad de vida del hondureño. Y los índices de pobreza no se han reducido (algunos dicen que 0.5%, o sea nada). Y los hondureños seguimos sufriendo una y mil calamidades.

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