Opinión de Rodolfo Pastor: Memo sobre corrupción para la Maccih, con reseña de Chayes

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Hoy se celebra el Día Internacional Anticorrupción
9 de Diciembre Dia Internacional Anticorrupción.
Rodolfo Pastor Fasquelle, historiador y escritor.

Por Rodolfo Pastor Fasquelle.- Hay otros sentidos del término. Aquí, entendemos corrupción como el abuso del poder público para beneficio privado, que tiene mil caras y más practicantes quizás que las religiones universales. Hay muchos equívocos al respecto.

Históricos por ejemplo, que pretenden perversamente que siempre fue Honduras corrupta. (Más bien ha sido siempre un país pobre, en que mucha gente tuvo que resolver problemas con lo que tenía a mano, antes incluso que existieran leyes que hoy prohíben usos, procedimientos, explotaciones, ni hubiera autoridad encargada).

Hubo gobernadores que –más allá del ejercicio del poder patrimonial colonial– abusaron. En el siglo XIX había poco que robar, pero antes y después de la Reforma, hubo apropiación masiva de bienes nacionales. Y aun de dineros públicos, aunque no están demostradas muchas acusaciones ligeras.

En el primer cuarto del siglo XX los empresarios estadounidenses del banano dieron a políticos venales particularmente Zemurray a Manuel Bonilla y a sus secuaces apoyos económicos y militares a cambio de concesiones de tierras, aguas muelles.

Bajo Carias, hubo mucha corrupción de sus parientes, funcionarios y amigos, porque el continuismo impulsa la formación de clicas impunes, aunque no fue corrupto Carias. En tiempos contemporáneos, la gran corrupción empieza con los jefes militares apoyados por Johnson, Nixon y Ford de 1964 a 1978, era terrible.

Y al amparo de la guerra secreta de Ronald Reagan, el Irán contra sembró corrupción con impunidad en los ochentas hasta que, en 1994, emprendimos La Revolución Moral con C. R. Reina.

Aun así la tendencia ha sido al agravamiento de la corrupción que se reproduce impune. Al mismo Presidente Reina se acusó de impropiedad en el pago de compensación a un sindicato y de tolerar corrupción en las obras para los Juegos Centroamericanos en 1997.

Desde los 90s, hemos pasado por gobiernos a los que la política del Consenso de Washington impulsó a privatizar y que, con ese pretexto, se corrompieron en una nueva escala, como el de Rafael Callejas, o el de Ricardo Maduro.

Y el gobierno de Flores Facusse, a quien se ha acusado de complacer las exigencias de privatización del FMI y favorecer a sus parientes vendiéndoles en concesión los aeropuertos y de corromper a periodistas mediante contratos de publicidad. A Mel le reclaman pagos de publicidad y que comprarse un caballo fino aquí, una finca allá. Hoy propagan la especie de que se esta construyendo un hotel en La Dominicana.

Pero ni la suma de lo mencionado -falso y verdadero- se aproxima a la corrupción monstruosa que ha aflorado en los gobiernos sucedáneos del golpe de 2009, protegidos por EUA. Incluido este de J. O. Hernández quien, según S. Chayes, ha creado un ambiente legislativo favorable a la corrupción.

Sin esconder esas dinámicas externas ni profundizar en ellas o en su historia, la colega Sara Chayes ha publicado un ensayo periodístico que viene investigando desde el 2012 titulado, Cuando la Corrupción deviene el Sistema Operativo, el caso de Honduras. (Lo publica integro el Carnegie Edowment for International Peace y en Insight Crime hay una síntesis.).

Describe ahí las redes de mutuo beneficio y protección que los políticos y los empresarios han tejido entre ellos y que desde los ochentas constituyen un sistema cuyo funcionamiento genera corrupción. Con más detalle muestra como ese sistema ha evolucionado en los últimos años, mediante leyes que legitiman las alianzas público privadas, nacidas del slogan de Honduras, Open for Business y que hoy desembocan en el Plan 2020. Mientras paralelamente se desmontan e inhabilita a las instituciones que deberían garantizar el interés general y proteger a desvalidos.

Chayes, asimismo, muestra con más profundidad que nadie en el exterior, la manera en que el golpe de estado de 2009 usó a los militares (que además de autónomos estaban exentos de labores de represión) a los que ahora se quería convertir en policías permanentes así como a la policía civil que ahora se pretende limpiar, pero que antes se había enlodado en el ilícito internacional, dice el I.D.H. (C.R.) del que todos quedaban reos.

Muestra la autora como ese sistema además se apoya en otras leyes supuestamente contra el terrorismo, que justifican la concentración de poder en el Consejo Nacional de Defensa que el presidente controla en forma personal, la subordinación de la judicatura, la escucha telefónica y cibernética y la ampliación de secreto oficial.