Por: Ariel Trigueros

REDACCIÓN. Los políticos son siempre lo mismo, prometen construir un puente, aunque no haya río y durante el periodo electoral, besan, cargan y saludan a cuantos niños y adultos miren, aunque después cambien su número celular, los ignoren en WhatsApp, se olviden de sus vecinos y se rodeen de seguridad.

Te prometen un real cambio social, la disminución del costo de la vida, trabajos dignos, el salario mínimo y cualquier cantidad de subsidios, tanto para bien, como para mal.

Por sus malas acciones los ciudadanos no se limitan de renegar y sostener que ‘la política es sucia y está corrompida’, sobre todo por estos pasados días en que salió a relucir un sinfín de procesos penales por corrupción, enriquecimiento injustificado, peculado y demás delitos, presuntamente perpetrados por aquellos que fueron a administrar la cosa pública, con el propósito de procurarse un particular cambio en sus vidas, con fondos públicos que debieron llegar a la ciudadanía para su desarrollo social.

La política como ciencia y arte de gobernar no tiene capacidad de ser inmoral, somos nosotros, los entes vivientes (algunos con más defectos que virtudes), quienes le damos sentido y aplicación práctica a la política, somos nosotros los que la hacemos indeseable; digo nosotros, pues somos culpables al elegir políticos envilecidos, que prostituyen la política, quizá con el afán de ahuyentar a las personas aptas y profesionales del desbarajuste que crean y así nos mantengamos quejándonos y sufriendo del desgobierno a todos los niveles y en todos los sectores públicos.

Política en Honduras

No podemos seguir, como pueblo sensato, viviendo en la incredibilidad y sumidos en una apatía, pensando en qué será de mañana en medio de congoja y desalientos.

Es preciso que hombres y mujeres buenos hagamos buenos a los partidos, pues los malos ni lo hacen ni lo harán. Además es necesario, que el pueblo deje de votar por aquellos a quienes les va a pedir al ser electos, pues de seguro se pasarán un quinquenio lamentándose y defraudados ante las esperanzas insatisfechas, los votos deben ser de solución, deben corresponder a programas concretos y racionales, realizables dentro de las circunstancias y los recursos disponibles.

Nuestro deber es interesarnos en cuidar la política, eligiendo políticos sensatos con base a propuestas coherentes; exigiendo una reingeniería estatal, mediante una constituyente que imponga un nuevo sistema social.

Nuestro deber es seguir participando de la política después de culminado el torneo electoral, fiscalizando e incidiendo en las tomas de decisiones y ejecución de políticas públicas.

Pues, como soberanos, es nuestro derecho el participar y preocuparnos por elevar políticos estadistas, que más que pensar en las próximas elecciones, trabajen desde hoy por las próximas generaciones.