TEGUCIGALPA, HONDURAS. El párroco Martínez en la homilía de este domingo en la iglesia Catedral, señaló que Honduras y todos sus ciudadanos tienen sed de verdad, seguridad y amor.

“Todos los hombres y mujeres tenemos sed, una sed inmensa que no podemos saciar. El ser humano es un eterno sediento”, dijo Martínez.

Agregó que “si conociéramos el don de Dios, Jesús revela que el verdadero pozo es su propio corazón. Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del ser humano, pero conviene evitar las aguas contaminadas. Es urgente orientar bien nuestra búsqueda para no caer en la frustración y sin sentido de la vida”.

El párroco de la Iglesia Católica dice que el ser humano está hecho para entrar en relación  en el amor. Asimismo, que Jesús dice que el que beba de esta agua de un pozo volverá a tener sed. Pero el que beba del agua que el da nunca más tendrá sed.

“Todos los humanos tenemos una sed inmensa que nadie puede saciar, la sed simboliza el deseo más profundo de nuestro corazón, tenemos sed de algo más, sed de verdad, sed de seguridad, sed de amor y sed del sentido de la vida”, señaló.

Añadió que “todos tenemos un deseo de satisfacer nuestra vida, en el fondo tenemos sed de los infinito y sed de Dios, pero nada y nadie puede llenar todo ese deseo que hay en lo profundo de nuestro corazón”.

El padre Martínez cerró pidiendo que todos reflexiones que si somos capaces de tirar el cántaro. El cual tiene el peso de la vida para tomar el agua de Jesús que quita la sed del corazón.

“Jesús propone desarmar el corazón y tener paz interior”

Juan Carlos Martínez, párroco de la iglesia Catedral de Tegucigalpa dio un mensaje de aliento y amor en la Homilía de hoy.

Pidió, que la en la sociedad hondureño se apeguen al consejo de Jesús, el de desarmar el corazón. Lo anterior, para perdonar todas situaciones de violencia de la sociedad.

Expresó, que ante una sociedad que se vuelve más competitiva, con escalas de violencia elevadas. De la misma manera, el terrorismo, las guerras, injusticia en las leyes que nos rigen.

Asimismo, evitar ambientes tóxicos en el hogar, en el trabajo, y que la paz y amor interior sea más grande cada día. Además, sugirió que no es necesario responder violencia con más violencia, la cual solo genera más odio.

Por otra parte, no enfrentar a las personas que agreden, dejando la violencia a un lado del camino. Ya que, según el párroco se convierte en un ciclo, en un círculo que vuelve al mismo punto. Añadió, “la vida de Jesús ha sido una llamada a renunciar a la violencia y a vencer el odio con el amor”.

Martínez entiende que no es extraño que las palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo. “Sin embargo tal vez sean las palabras que más necesitamos escuchar todos cuando no sabemos qué hacer para arrancar la violencia de nuestro entorno y nuestra sociedad”, reflexionó.

Pidió que amen a sus enemigos, porque es una alternativa que pone Jesús, hacer el bien por los que los aborrecen y oren por los que les persiguen.

“El amor al enemigo no quiere decir introducirlo en un círculo íntimo de sus vidas, pero sí aceptarlo. Amar al enemigo no significa tolerar las injusticias y retirarse de la lucha contra el mal”, acotó.