Opinión de Mario Berríos: Histórico triunfo del CARDVA en Olanchito

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Mario Berríos, escritor y abogado.

Por Mario Berríos.- El árbitro se llevó el pito a la boca y pitó el final del primer tiempo del partido que Cardva perdía ante el Trujillo 2 x 0. El partido era a muerte y escenificado en el estadio municipal de Olanchito el sábado 25 de marzo de 2017. Cabizbajos, los jugadores del equipo jamo negro del Cardva, de la segunda división de ascenso, se encaminaron hacia los camerinos. En sus rostros se dibujaba el triste marchitamiento de la piel provocado por el fracaso.

Habían jugado mejor que el Trujillo, con valentía y pundonor, ¡eran un huracán!, pero desperdiciaron oportunidades frente al marco una y otra vez. Aquellas esperanzas de salir de la última posición y mantenerse en la liga se diluían porque además desde el minuto 30 jugaban con un jugador menos, Carlos Mejía “el Nene”, camisola número 17, había sido expulsado por cometer una falta alevosa.

Estaban al final de la tabla de posiciones y ganar ese partido representaba una especie de final para salir de ese último sitio; parecían condenados al descenso desde esa fecha, no era para menos, el contundente marcador por el que perdían, aquellos dos zarpazos del Trujillo, eran mortales y además corrían el riesgo de finalizar el encuentro con una goleada catastrófica.

El entrenamiento durante la semana había sido arduo, extenuante y riguroso bajo las órdenes del eterno técnico de Olanchito, Roosvelt Díaz. Este tiempo atrás le había dado el boleto de ascenso a primera división al Social Sol. Con su estilo sereno y analítico, Roosvelt, contratado un mes antes con la misión de salvar la categoría del Cardva, pidió calma y revitalizó en el camerino a sus dirigidos con palabras demoledoras, “demuestren su valentía”, “háganse hombres”, “ustedes pueden”, “metan la pierna con valentía no como cipotes”.

Los cerca de 200 aficionados que asistieron al estadio y quienes estaban con sus ojos puestos en la señal de canal 32, de Santiago Saybe y familia, que trasmitía en vivo el encuentro, jamás imaginaron lo que acontecería en el segundo tiempo.

En el camerino reinaba el silencio y el desencanto entre los jugadores, el desaliento era inocultable. Después de las palabras del entrenador, siguió el discurso de Hernán Acosta, directivo del club Cardva e instó a los muchachos a demostrarle a su familia que un guerrero nunca muere, “las grandes batallas se ganan con grandes remontadas”, dijo Hernán, mientras elevaba el tono de su voz.

Cardva, Centro de Alto Rendimiento Deportivo del Valle del Aguán, había surgido entre los meses de abril y junio de 2015, en la colonia Bellavista de Olanchito a iniciativa del profesor Emilio Umanzor y el licenciado Hernán Acosta, apoyados por Kennith Ponce, Carlos Espinoza, Hugo Montes de Oca, Erlin Ponce, Carlos Posas, Mario Ortega, César Acosta   , Javier Acosta, Walverght Andrade, Yamileth Mencia. Tulio Crúz y Felipe Zúniga. Ellos constituyeron el proyecto como institución deportiva orientada el fútbol como única disciplina deportiva en la enseñanza del deporte con niños, niñas y jóvenes, sin distinción de raza, creencia, sexo, condición social o preferencia deportiva, buscando su desarrollo físico, motriz, cognitivo, afectivo y social y consecuentemente alejar a sus agremiados del alcohol y las drogas.

Inyectados con las palabras del entrenador Roosvelt y del directivo Hernán Acosta, los jamos negros del Cardva encararon el segundo tiempo ilusionados con descontar, quizá empatar y, tal vez de milagro, remontar el marcador, lo cual parecía imposible. Fue al minuto 64 cuando providencialmente apareció el botín del talentoso número 9 del club y mundialista sub-17, Carlos Palacios, haciendo resurgir las esperanzas y vibrar de emoción a los comejamos de Olanchito con un trallazo cruzado, adornado por el especular vuelo del arquero trujillano. ¡La gente gritó radiante el primer gol de los jamos negros!

Peleando el balón con garra por arriba y por abajo en todos los sectores del rectángulo de juego, a los 80 minutos llega el ansiado empate. El cazagoles Dimas López, 7 en su espalda, pescó un balón en los linderos del área y con fuerte derechazo sorprendió a la defensa y el portero del Trujillo, ¡los aficionados estallaron en vibrante emoción con el empate! ¡El partido era de infarto, no apto para cardiacos!.