La opinión de Luís Luna Jr. : Ya vote…¿ Y Ahora qué?

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Hasta animales trabajaron para las elecciones primarias

Por Luís Luna Jr.- Las elecciones primarias ya pasaron y ha sido nuestro deber cívico como ciudadanos hondureños ir a las urnas. Es importante recordar que ejercer el sufragio no sólo debe ser visto como un deber. Sino que también debe ser considerado un privilegio. Aunque no se sienta así.

Un adagio popular dice que aquellos que no conocen la historia están condenados a repetirla. Esto es cierto. Lo único que agregaría es que desconocer la historia hace que no apreciemos aquello que tenemos en el presente.

Ignorar nuestro desarrollo político como nación hace que demos por sentado el hecho que cada cuatro años somos parte de un proceso electoral democrático. Nada más hace falta echar un rápido vistazo hacia atrás para darnos cuenta de esto.

Los regímenes militares de la década de los ochenta y más recientemente, el golpe de estado del 2009, son continuos recordatorios que la idea de la democracia, por mucho que se habla de ella, todavía es un experimento naciente en nuestra tierra.

Tal vez por eso muchos amanecieron hoy con su dedo meñique limpio. Pues decidieron no ir a las urnas. Por diferentes razones. Algunos, probablemente, porque no se sentían convencidos por ninguno de los candidatos. Otros, porque están esperando votar hasta en las elecciones generales en noviembre de este año. Y otros, porque en realidad no creen en las instituciones que dan fe al proceso electoral en Honduras.

Francamente, creo que esta es una duda legítima. Sería ingenuo pensar que los abusos de poder del ayer no socavan la confianza del pueblo hacia la institucionalidad hondureña hoy. A pesar de eso, un sistema imperfecto, con graves desfases como el nuestro, es mejor que ningún sistema. En otras palabras, un mal sistema democrático es mejor que un sistema anárquico. Y eso, al menos, debemos apreciarlo.

Porque en temporada de elecciones hay mucho señalamiento y poco arrepentimiento. Hay un lanzamiento colectivo de culpa hacia otros a costa de una introspección personal rigurosa. Los correligionarios, a veces fanáticos, de un partido adjudican todo lo malo al candidato del partido opositor. Y acreditan todo lo bueno, si es que lo hay, al candidato de su propia tribu. Esto es muy normal en el ecosistema de la política.

De todos modos, ¿qué político “astuto” edificaría su campaña reconociendo los logros del otro candidato? Sin embargo, el síndrome colectivo de señalamiento intensificado que se da en temporada de elecciones puede trasladarse a radicar en la psique individual de cada hondureño. Haciendo que andemos por la vida culpando a todo y señalando a todos por problemas de los que nosotros mismos tenemos que arrepentirnos y hacernos cargo.

No uso el término arrepentimiento de manera ligera. Sé que es una palabra cargada con muchas connotaciones. En muchas casos, equivocadas. La gente se arrepiente, o dice arrepentirse, por ejemplo, de haberse pintado el pelo de cierta manera, de haberse hecho un tatuaje. O de haber pedido un combo agrandado.

O de haber comprado un carro sin antes haberlo llevado a un mecánico de confianza. Sin embargo, en uno de sus usos más recientes en la historia de la etimología, el vocablo griego del cual se traduce la palabra arrepentimiento es “metanoia.” Cuya definición básica es “cambio de mentalidad.” Después de las elecciones, entonces, se podría decir que el pueblo hondureño necesita menos lanzamiento de culpa a otros y más “metanoia” personal.

Ayer votamos. Y que bueno. Pero, ahora, debemos arrepentirnos. “¿Arrepentirnos de qué?” se preguntarán algunos. Bueno, de la ceguera que nos impide ver aquello de lo que necesitamos arrepentimiento, para comenzar. También por exigir de los políticos aquello que nosotros no siquiera cumplimos.

Asimismo querer policías que ejecuten la ley, excepto cuando la esquela tiene nuestro nombre. Por desear profesores académicamente rigurosos, excepto cuando la nota es de nuestros hijos. Igualmente, marchar en contra de la corrupción, excepto cuando toca hacer negocios evadiendo el fisco.

Arrepentirnos de anteponer la lealtad a un partido político, por encima de la realidad que somos hermanos, hijos de una misma patria. Igualmente, por celebrar como histórico lo que algunos años atrás era traición a la patria. Por esperar un trato justo de los políticos, excepto cuando nosotros explotamos la imagen de Dios en otros.

Arrepentirse es el primer paso para un verdadero cambio, a nivel individual y colectivo.