Opinión de Mario Berríos: La Venganza del Cachiro

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Los Cachiros
Devis Leonel Rivera Maradiaga perteneciente al cartel de Los Cachiros, testificó ante un tribunal de Nueva York, Estados Unidos
Mario Berríos, escritor y abogado.

Por Mario Berríos.-Cuando un narco canta en un tribunal de USA, lo hace por venganza y por reducir su condena. Devis Leonel Rivera Maradiaga, alias Cachito, narco confeso, ha encendido las luces que la sociedad espera desde hace tres años. Digo tres años porque los datos vomitados por él se saben desde varios años, nada más esperábamos leerlos regurgitados en un tribunal y a través de los medios de comunicación.

De no ser porque la justicia norteamericana impone su sello, lo confesado por el cachiro Devis Leonel pasara desapercibido. Esto porque en Honduras las cúpulas políticas del partido de gobierno se arropan juntos y ni por cerca se pisan la cola.

Por cierto cuando un imputado en Estados Unidos rinde declaración testifical en tribunal competente, como lo hizo el señor Devis Leonel Rivera Maradiaga, ha seguido un proceso riguroso y formal. Su defensor, sin duda, llegó a un acuerdo con  la fiscalía. Para que la declaración del imputado haya sido aceptada es porque se ofrecieron pruebas fehacientes y científicas de lo afirmado por él, pruebas que le dan la certeza al fiscal y al juez. Por tal razón los sobornos, tráfico de influencia, narcotráfico y sicariato avalado por políticos de turno merecen toda la credibilidad. Allá no hay espacio para la chismografía, como sucede acá. De paso allá sí le dan validez a las pruebas científicas.

Los sobornos mencionados por el cachiro confeso se sabían hasta en los pasillos de Casa Presidencial. Era vox pópuli, asimismo la gran cantidad de crímenes protegidos desde las más altas esferas políticas. Tal como se escuchaba, policías y militares resultaron ser algunos de los facilitadores de Los Cachiro. El malhechor se vale de autoridades en cada zona para realizar su “trabajo”. Sabido es que quitaban a policías honestos y ponían a uniformados que formaban parte de su estructura criminal para pasar sin ser vistos por determinados lugares. En este juego montón de inocentes cayeron bajo la guillotina de una comisión depuradora. Esta  ha actuado más por chismes y ánimos de publicidad que por haber comprobado delitos o graves faltas, de allí que en su ineficacia han atropellado a muchos inocentes.

Desde hace décadas, la mayor parte de los presidenciables han recibido cantidades fuertes en dólares de parte de estructuras criminales, lo han hecho por interpósita mano, como para no quemarse, creyeron ser más vivos que los criminales al recibir dinero y luego desentenderse de ellos. Cuando un criminal narco aporta dinero pide rendición de cuentas a su favor: protección, liberación de detenidos, contratos millonarios, información útil, leyes a su favor, puestos claves de algún incondicional, leyes proteccionistas de su actividad criminal.

Es esta parte en la que los políticos fallaron. Creyeron falsamente que podrían esquilmar los bolsillos de los narcos y luego mirar al cielo o a los lados. Los Cachiros fueron traicionados por la clase política a la que apoyaron, en la que invirtieron. Ahora es su tiempo de ajustarle cuentas a los traidores de su causa. O sea que muchos políticos además de ser ingratos con la gente de un país, también han demostrado ser malagradecidos hasta con sus propios socios que les apoyaron, como en su momento Los Cachiros.

Los políticos tradicionales, aquellos de cúpulas como del partido de gobierno, han sido buenos para maquillar escándalos de corrupción. Pero han sido tan ingenuos como para creer que los narcos callarían ante las desvalijadas maletas de dólares, las cuales no se cuentan en efectivo, si no por libras. Algo más crucial han dejado de observar los políticos metidos a vinculaciones con los narcos, al aceptar los “ayudas”, coimas, “aportes” o sobornos. Estaban aceptando las reglas del juego dentro de la criminalidad (y quisieron ignorarlas en su afán de creerse más vivos).  En ese mundo al aceptar dádivas o regalos se aceptan a la vez las reglas del patrocinador. Ellos debieron ser honradísimos en sus tratos, porque cuando no se es honradísimo en ese mundo, deviene el ajuste de cuentas, como el que hemos observado en el tribunal de Nueva York.

Mario Berríos: Es cuestión de tiempo

El actual gobierno nacionalista no es la excepción. Es cuestión de tiempo para que formalicen los nombres de aquellos allegados a la más alta esfera política que recibieron dineros en Occidente. Esto tal como lo denunciaron oficiales de policía que fueron perseguidos mediante una herramienta llamada depuración policial. Depuracón para deshacerse de los conocedores e inconformes con esa modalidad criminal de cuello blanco.