Madre hondureña : “Me tocó salir a pedir para mantener a mis hijos”

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Madre hondureña
Lourdes Tercero, antes del incidente era una madre común y corriente, se dedicaba a cuidar en ese entonces a sus tres hijos; lavando y planchando ajeno les daba de comer y dormir a sus tiernos.

Tegucigalpa. Con sus brazos fuertes llenos de perseverancia por cargar día con día sus viejas y desgastadas muletas, doña Lourdes Patricia Tercero, una mujer de 47 años de edad a la que la vida le dio otra oportunidad para seguir viviendo.

La mañana de un día martes de hace 15 años, doña “Lula” como le conocen sus seres queridos, sufrió un terrible accidente, en su casa de habitación ubicada en el barrio Casamata, de Comayagüela.

“Eran alrededor de las 10:00 de la mañana, cuando entré al cuarto donde vivía a buscar unos documentos en un estante; cuando de repente toqué un artefacto y este cayó al suelo”, recordó doña Lourdes.

Ese artefacto era una granada, al tocar el suelo de tierra donde vivía ella, se detonó; afectándole las dos piernas a doña Lourdes.

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“Estaba embarazada de 37 semanas, me acuerdo que iba a control prenatal al Hospital Escuela Universitario; cuando de repente se me apagaron las luces, y los volví abrir cuando estaba en la emergencia”, conmemoraba Tercero con sus ojos casi llorosos.

Pensando en la vida de su vástago, sacó fuerzas para resistir el dolor de las fracturas que le produjo la explosión. Cuando llegó al centro médico los doctores reservaron el estado de salud de Tercero; ya que llevaba destruidas sus piernas, precisamente sus tibias y peronés.

“Me cuenta mi familia que los doctores decían como no había muerto, además que si vivía me cortarían las piernas. En realidad no sé cómo no me las cortaron”, aludía la señora.

El accidente le cambió la vida

Lourdes Patricia Tercero, una mujer de 47 años de edad; a la que la vida le dio otra oportunidad para seguir viviendo.

Lourdes Tercero, antes del incidente era una madre común y corriente, se dedicaba a cuidar en ese entonces a sus tres hijos; lavando y planchando ajeno les daba de comer y dormir a sus tiernos.

Al momento del accidente, Tercero estaba en estado de gestación avanzado, por lo que los doctores del hospital, decidieron sacarle al bebé.

De esa manera, nació “Angelito”, Ángel Isaías Rodríguez, nombre que decidió ponerle doña Lourdes a su tierno. “Nació mi angelito, así le puse por eso, porque Dios así me dijo que le pusiera”, comentó.

Después del incidente, “Lula” estuvo varios meses en coma médica;  por lo que sus hijos quedaron a la deriva.

“Fue muy difícil, estuve en coma por varios meses; pero mi fe en Dios nunca la perdí, ÉL fue mis razón de seguir adelante”, manifestó con sus ojos llorosos y su voz entre cortada.

Expresó que luego de salir del coma, sus vecinos y familiares empezaron a pedir ayudas económicas a los capitalinos para poder ayudarle a sobrevivir.

“Me fui recuperando y pidiéndole a Dios que me ayudara a salir adelante para que mis hijos estén bien”, añadió la madre hondureña.

“Tengo que pedir para llevarles de comer a mis hijos”: Doña Lourdes

Es cierto que la vida le dio otra oportunidad de volver a nacer, luego de haber tenidos el terrible accidente.

Hoy en día, debido a las limitantes físicas que le impiden  desarrollar sus actividades diarias con total desempeño; le ha tocado salir durante las noches a pedir a las frías calles de Tegucigalpa.

Verla llegar  paso a paso con su muletas a los diferentes lugares de diversión nocturna de la capital hondureña. Lourdes Tercero llega con la ilusión de poder llevarse aunque sea unos 100 lempiras para darles de comer al siguiente día a sus hijos.

“Vengo caminando desde mi casa en el barrio La Cruz, llego a esta zona a las 9:00 de la noche; y me termino yendo a eso de las tres o cuatro de la madrugada”, declaró con su mirada gacha Lourdes.

Mientras ella sale a ganarse la vida de manera honrosa, sus hijos quedan en el más profundo sueño; sin imaginar las duras faenas que pasa su madre por llevar a casa el alimento a sus bocas.

“Cuando yo me vengo a trabajar, mis niños quedan donde la vecina durmiendo, no me gusta dejarlos solos, uno no sabe lo que puede pasar. Cuando regreso de madrugada paso a recogerlos y les hago su desayuno”, explicó con lágrimas en sus ojos y sosteniendo sus muletas doña “Lula”.

Sueña con poder tener una casa propia

Doña “Lula” sale todas las noches a pedir ayudas económicas a los capitalinos.