REDACCIÓN. Diez años de operaciones ilícitas del cartel Los Cachiros acabaron con la vida de 78 hondureños, de acuerdo al testimonio del cabecilla, Devis Leonel Rivera Maradiaga, quien enfrenta un juicio en la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York , por delitos de narcotráfico y de esa manera, confesó parte de sus crímines cometidos en Honduras.

En un documento, se devela la confesión del hondureño, quien en sus declaraciones ante la corte, ha mencionado nombres de políticos, funcionarios, entre otros, vinculándolos a una gama de operaciones ilícitas que él llevaba a cabo y en la última etapa, con ayuda de la DEA. Entregado a la justicia, Rivera Maradiaga ha llegado a un acuerdo con esa oficina del fiscal federal del Distrito Sur de Nueva York, Preet Bharara, quien fue despedido por el presidente Donald Trump, pero antes le aceptó la declaración de culpabilidad, presentada el pasado 7 de abril del 2016, por el abogado, René Sotorrío, defensor de El Cachiro.

Rivera Maradiaga admitió sus fechorías, no solo que mató personas para poder operar, sino que sobornó e introdujo droga y operó ilícitamente a través de sus empresas, tanto en Honduras, como en Estados Unidos. El fiscal Bharara le aceptó la confesión del ahora imputado, hecha con el fin de acogerse al programa de testigos protegidos de los Estados Unidos.

Entre todos los cargos, admitió que es uno de los principales administradores, organizadores y líderes de una empresa criminal continua, que operó desde el 2003 hasta el 2013, en las acciones ilícitas que trae el trasiego de cocaína, que mató a 78 personas y estas son sus víctimas.

 

El fiscal Bharara le aceptó la confesión del ahora imputado, hecha con el fin de acogerse al programa de testigos protegidos de los Estados Unidos.

Entre todos los cargos, admitió que es uno de los principales administradores, organizadores y líderes de una empresa criminal continua, que operó desde el 2003 hasta el 2013, en las acciones ilícitas que trae el trasiego de cocaína, que mató a 78 personas y estas son sus víctimas.

Jorge Aníbal Echeverría Ramos

Jorge Aníbal Echeverría Ramos, alias “Coque”, fue uno de los pioneros del cartel del Atlántico. En poco tiempo, Los Cachiros fueron sus rivales al disputarle el “negocio”.

El 22 marzo del 2003, en una sangrienta disputa, en la cantina Los Talibanes, de Tocoa, Colón, dejó como resultado la muerte de Osman Isidro Rivera, el menor de Los Cachiros a manos de El “Coque”, por la disputa de una mujer.  La suerte del “Coque” estaba echada. Este era el comienzo de la pelea entre las dos organizaciones delictivas que pusieron fin a la amistad, pues tras la muerte del “cachirito”, sus hermanos y su padre buscaron la revancha y decidieron acabar con la vida de Echeverría Ramos.

El 19 de del 2003 sufrió el primer atentado junto a Margarita Lobo. Fueron trasladados a Cuba para su atención y al poco tiempo, emigraron hacia Costa Rica, donde Coque sufrió el siguiente atentado, del cual sobrevivió nuevamente. Gravemente herido, ante la tenaz persecución policial, el hombre fue detenido en Panamá y deportado a Honduras. Tres días después de haber sido encarcelado en la Penitenciaría Central, otro recluso le disparó matándolo mientras recibía atención en el hospital del centro penal.

Sin reponerse aún de sus graves heridas, “Coque” fue conducido primero al hospital de La Ceiba, de donde intempestivamente fue trasladado en helicóptero a la cárcel de Támara, la de máxima seguridad de Honduras, y recluido en la clínica de la cárcel.

Fue deportado a Honduras y encarcelado, tres días después fue asesinado. Jorge Aníbal Echeverría Ramos el “Coque”.

El 18 de marzo de 2004, cuando todos dormían, el “moribundo” se levantó de la cama y descargó todas las balas de una pistola nueve milímetros en el cuerpo de “Coque”. Después, todas las puertas se le fueron abriendo y tranquilamente salió de la prisión de máxima seguridad de Honduras.

Desde ese día los Cachiros, con Javier Rivera Maradiaga, como líder indiscutible, se convirtieron en dueños y señores del narconegocio en Honduras, afianzando así sus alianzas con sus pares en el sur y el norte del continente. En los tres años siguientes, de 2004 a 2006, Javier y su hermano Leonel, el más sanguinario de toda la familia según diversos testimonios, eliminaron a todo el que encontraron vinculado a la familia de los Echeverría Ramos.