InSight Crime: ¡El imperio del caos! Al interior del penal de San Pedro Sula

El sitio web InSight Crime publicó un reportaje sobre la vida de los criminales en el interior del penal sampedrano

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InSight Crime

InSight Crime. En el reino del caos batallan los que viven en la miseria por el control de su propio encierro.

Vagan libres animales de granja y perros guardianes que luego son asesinados con los corazones de sus dueños dentro.

Entran y salen reos a comprar pollo a los visitantes y se construyen casas. Acá es posible hacer una fiesta con música en vivo y champaña, pero también es posible ver reos descuartizados.

Quienes lo custodian son los mismos que se enriquecen vendiendo cuartos con aire acondicionado y los mismos que deben enfrentar las consecuencias violentas si se pasan de listos.

Así se vive, sin la intromisión del Estado, en el presidio general de San Pedro Sula en Honduras.

El nuevo mundo del abogado

El abogado recuerda su llegada al penal de San Pedro Sula en 2012 como la entrada a un mundo nuevo. Con nuevas reglas y nuevos roles. El tiempo pasa distinto en el encierro, y las cosas banales, que afuera no tienen importancia, adentro son tesoros por los cuales hay que pagar y luego defender a toda costa.

El abogado había trabajado en el Ministerio Público y esto no es precisamente visto con bueno ojos por la población carcelaria, a quienes todo lo que suene a autoridad estatal le suena, también, a enemigo.

Ese nuevo mundo se  divide por el tipo de reo que eres y el grupo con el cual te afilias. Los reos más numerosos y por ende los más poderosos son los llamados “paisas”. Paisa es un nombre genérico en los penales centroamericanos para la mezcla de grupos y tipos de criminales: desde el que roba carros hasta el narcotraficante, pasando por el sicario.

Si bien los paisas tienen el sector más grande, están lejos de ser un bloque unido. Sus disputas por el poder marcan una sinuosa trayectoria de guerras, golpes “de Estado”, traiciones y conjuras.

En este mundo habitan también los depredadores más temibles de toda la región. La Mara Salvatrucha (MS13) y Barrio 18. Las pandillas más grandes y peligrosas del mundo, según organismos regionales y el Departamento del Tesoro de Estado Unidos.Ellos, por su naturaleza conflictiva, tienen secciones aparte. Hay también un lugar especial para los reos con problemas mentales y para las mujeres . Hay ex policías, que también tienen su sección aparte, irónicamente al lado de la pandilla MS13. Y hay los que tienen peso, prestigio o contactos. Estos tienen su propio lugar, conocido como “hogar privado”.

El abogado tenía contactos, y algo más importante: dinero. Un compañero suyo, uno que fue arrestado en la misma redada y con cargos similares, le invitó vivir en su “privado” junto con los reos de categoría. Algo así como la élite burguesa del presidio.

Con apenas unos días el abogado entendió de que se trataba todo esto. “Ahí me dijo el administrador del penal que cuartos privados ya no habían. Pero que si quería me vendían un pedazo de patio para que yo construyera mi propio privado”, explicó a InSight Crime.

Así lo hizo. Luego negociaron una cuota. A los reos les gusta decir que la cantidad de la cuota “depende del sapo, así es la pedrada”. Puede llegar hasta los 200.000 lempiras (US$9.000). En el caso del abogado fue 55.000 lempiras (aproximadamente US$2.400). El dinero se cataloga en un rubro del presupuesto que se denomina “gastos no gubernamentales”. El administrador les dice, sin mucha convicción, que va para los gastos diarios de la cárcel, pero nadie cree en eso.

El abogado también tuvo que pagar a los reos obreros y por los materiales para la construcción del cuarto. En total aquello  le costó 200.000 lempiras. Vivía en uno de los penales más pobres del mundo y sin embargo contaba con lujos que ya quisieran los reos europeos o norteamericanos: una televisión y un PlayStation por nombrar algunos. Sin embargo, esta pequeña colonia dentro del penal no solo aporta comodidad, sino también seguridad. El abogado lo descubriría un poco más adelante.

A los pocos días de estar en su lujosa habitación, con su aire nuevo, su televisor y su comida, escuchó el primer disparo. No entendía nada. Luego otro más y luego una balacera que se escuchó como tormenta dentro de esa pequeña ciudad de bandidos y pandilleros.