La impresionante vida de Adalid Irías, el incansable defensor de los consumidores

419
Adalid Irías
Defensor del pueblo y su derechos

TEGUCIGALPA. El licenciado en periodismo y muy pronto abogado, Adalid Irías es el más querido por los vendedores y consumidores ya que es su defensor.

Adalid Irías es originario de Sabanagrande, Francisco Morazán. Vivió una niñez como la de muchos hondureños, entre la pobreza y el ánimo de salir adelante.

El “parlanchín de primera” como se autodenomina, Adalid contó que inició sus estudios universitarios en la carrera de Contaduría Pública, ya que su madre era lo que quería. Sin embargo no le gustó y se cambió a Periodismo.

También expresó que el deseo de luchar contra las injusticias que sufren los más vulnerables decidió estudiar leyes. Actualmente Adalid está por egresar de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH).

Además, nos contó como conoció a quien ahora es su esposa, nos habló de sus tesoros más preciados: sus hijos.

 

A continuación la entrevista que nos concedió Adalid Irías:

¿Cómo fue su niñez?

Una niñez de barriada, de lucha por sobrevivir, de mucha ilusión. Eramos familias que que veníamos de una invasión que estaba donde hoy es la feria del agricultor y el artesano del estadio, a orillas de esa quebrada. Causábamos contrastes en una Tegucigalpa floreciente frente una pobreza que se marcaba en las barriga de los cipotes abultada de lombrices.

Ahí crecimos luego nos vinieron a tirar en carros de la alcadía municipal a esta colonia donde ahora vivo. La Colonia Ayestas de Comayaguela.

¿Qué es lo que más recuerda de su niñez?

La edad de la inocencia viviendo al límite, descalzos, jugando lodo en la calle cuando llovía, chapaleando agua en los días de inviernos, o jugando en “libre”, “landa”, “Trompo”, “Rayuela” “ materine, riene, rine, rero” “landa” que eran los juegos infantiles que ni la mejor tecnología de ahora los va a sustituir.

Una infancia trabajando con nuestros padres para ganarnos la vida. Mi madre moliendo tortillas desde la una de la madrugada y nosotros entregando el primer canasto de 400 tortillas a las cinco de la mañana en una cuartería del chiverito. Las tortillas en ese tiempo valían un centavo, entonces regresábamos a casa con cuatro lempiras después de cinco horas en plena faena.

Mi padre vigilante, desvelándose constantemente en lo que hoy es el Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (BANADESA), antes BANAFOM, para llevar parte del sustento de una numerosa familia de nueve miembros entre hermanos, tios y familiares cercanos.

Niñez entre trabajo y juegos

Una vida de mucho oficio, halar leña para el fogón, acarrear agua en tinas de lata, comprando maíz para cocerlo y lavarlo para ir al molino a la una de la mañana. Jugar, jugar, jugar ese era la vida cotidiana de nosotros los niños de ese entonces.

Sin energía eléctrica, no teníamos televisor y teníamos que ver por una rendija de la casa del vecino cuando queríamos ver televisión.

¿Cuántos hermanos tiene?

Eramos cuatro hermanos, dos de ellos fallecieron adolescentes, solo quedamos dos.

El periodista y defensor del pueblo más apreciado por los más desvalidos

¿Cuéntenos un poco de su juventud?

Una juventud estudiando y ayudando en la casa a generar el sustento diario. Vivíamos al limite entre la miseria y la pobreza, pero mi madre con mucho esfuerzo siempre nos tenia algo en la mesa.

Fui un estudiante dedicado, en mi adolescencia primero me dedique al dibujo, como me gustaba cantar un amigo que iba a la iglesia católica me enseñó a tocar guitarra, a los 13 años y desde ahí no he dejado de cantarle a la vida, al amor, a la injusticia, toco de todo un poco.

Mi secundaria la hice en el Instituto Central Vicente Cáceres, cuando ingresé en 1978 y egresé en 1985, graduado de perito mercantil.

Solo tuve una novia, en la iglesia, y muchos amores platónicos porque siempre me enamorada de ojos de las chicas, por temor a expresarles mis sentimientos, por eso aprendí a tocar guitarra para cantar mis penas, mis alegrías y mis ilusiones.

Fui fundador de un grupo juvenil católico en la colonia tres de mayo, fui celebrador de la palabra de Dios. Fui un muchacho de buenas costumbres, humilde y con deseos de triunfar y ser alguien en la vida.

Mi adolescencia no la disfrute a plenitud por que la vida era muy rigurosa con nostros, nunca tuvimos juguetes y los que hacíamos eran de madera con chapas de refresco, pero eramos felices a nuestra manera.

Estudios universitarios

Salí del central en 1985 y como no meti papeles para ingresar a la universidad el siguiente año no estudie. Pero mi padre que era un hombre visionario me propuso que como no había podido ingresar a la universidad, entonces me dijo que aprendiera un curso de mecanografía.