Una segunda hija es las más “desamorada” comenta la humilde anciana, pues viven enfrente, pero no pregunta por su estado de salud, ni tampoco se preocupa que coma, pues ella está muy tranquila con su esposa y sin precariedades.

La vivienda en la que viven es propia, pero sus bases son de tabla y su techo de zinc, cuando la lluvia cae, ellas se preocupan, puesto que las goteras están a la orden del día y se les dificulta para dormir. Pese a que han realizado solicitudes de ayuda al alcalde de su municipio, Roberto Pineda del Partido Liberal, ha hecho caso omiso a su clamor.

La anciana con voz entrecortada mencionó que teme que su casa se caiga, ya que pueden morir en cualquier momento, si no reciben una ayuda. Nos dijeron que ellas viven unos colchones, puesto que no hay ni una cama.

Doña Cristina mientras contaba parte de su vida
Doña Cristina mientras contaba parte de su vida

Desde hace unos 25 años ella trabaja en las calles, así también hacía tortillas, lavaba y planchaba ajeno; ahora su carga es mayor, puesto que hace dos años murió su esposo Elías Rodríguez a los 83 años de forma natural.

“Cuando puedo compro mi arrobita (25 libras) de yuca y cuando no, voy a que me regalen por allí, en la tarde (6 pm) vengo con dolor en la espalda, en la rabadilla y en las canillas.

Siento que ya no puedo, no se si pase estos últimos días, según paso de salud.

¿Cómo pasará esta Navidad?

Sólo pido tener algo que comer esta Navidad, los zapatos que tengo ya están malos y no vamos a estrenar, andaremos con los mismos trapitos. Pido a Dios que nos ayude, que en algún tiempo cambie mi vida porque sólo es sufrimiento.

A veces comemos y otras veces no, pero lo importante es que los niños sí tengan que comer, aunque nosotros aguantemos hambre.

Cuando llega a su casa…

Vengo a la casa muy cansada, ando todo el día sin comer y a veces lo que sí compro es una naranja y mi botellita de agua, pues ya me acostumbre a aguantar hambre.

Para este lunes estoy preocupada porque no tengo mucha yuca que vender y a veces me toca que ir a otro lugar caminando, pero queda muy lejos.

Existe fe, alegría, amor al prójimo y esa gran riqueza humana en doña Cristina; sin duda esto impactará solo corazones que estén dispuestos a recibir las lecciones de vida de esta anciana sin rencores.

“Probablemente nunca más sepa de doña Cristina, es posible que nunca la vuelva a ver, pero ella me ha dado una de las pequeñas aventuras más increíbles permitiéndome viajar al pasado para experimentar las historias de su vida.

“Esta humilde soñadora se despidió dándome bendiciones y agradecimiento, sin saber que era yo el agradecido por haber dejado escuchar su triste pero admirable historia.