SANTA ROSA DE COPÁN. Cada vez más destaca la labor de la mujer en nuestro país, esta vez, dos copanecas han sobresalido en la caficultura, vendiendo en su natal departamento, exportando a grandes escalas y en distintos países cuando nadie creía en ellas y como se dice popularmente, cuando “nadie daba un centavo” por ambas emprendedoras.

Se trata de Karen Arita y Eunice Arita, dos grandes mujeres que renunciaron al magisterio para dedicarse de lleno a la producción y venta de café.

“Estudié Comercio Internacional en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), pero al igual que mi hermana, trabajé siete años en el magisterio. Ya luego con la crisis en el 2009 durante el Gobierno de Manuel Zelaya, empezó a haber inestabilidad entre los maestros, días dábamos clases y días no, era un tiempo difícil, por ello, dijimos que dejaríamos el trabajo, pensando en encontrar otra labor de forma rápida, pero no fue así”, empezó diciendo Eunice Arita.

“Buscamos trabajo durante un año esperando encontrarlo rápido, pero no fue así y durante ese tiempo nos acabamos todos los ahorros que habíamos hecho dentro de un aula de clases. Una noche llorando por estar sin trabajo después de tener algo fijo y acostumbradas a recibir un salario, mi papá se acercó a la sala en donde estábamos y nos hizo reflexionar”, agregó Eunice.

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DIOS EN SUS VIDAS

La joven que radica en la ciudad colonial recuerda perfectamente una cita bíblica que hizo que ambas tomaran la iniciativa, esta era: Éxodo 4-2: Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara.

“¿Hijas, qué tenemos en la mano?”, preguntó su padre. “Pensamos que lo que Dios nos había proporcionado como familia era el café, seguidamente él se retiró y nos dejó una inquietud. Nos fuimos al cuarto y dijimos que el trabajo del café era para hombres debido a que era muy pesado”, adjuntó en entrevista a Diario TIEMPO.

Eunice explicando el valor del café que venden en Copán y que exportan al extranjero

Según añadió la joven en su relato, hubo una competencia allá por los años (2009-2010) donde pusieron una finca turística, luego llegó una organización que les ayudó, pero los encargados les dijeron que el proyecto lo miraban grande y prometedor, que en lugar de poner una finca turística, trabajaran con café molido y empacado.

DOS HERMANAS BRILLANTES

“Recuerdo que un día llegó a la casa un señor que necesitaba se le tostara café, pero eso sólo lo hacía mi papá y él no estaba; sin embargo, el señor lo necesita rápido, entonces nos arriesgamos y así sin planearlo fue nuestro primer cliente.  Sin duda alguna, la gracia de Dios hace la diferencia en este negocio, él pone en nuestro corazón gozo y sobretodo cuando hay situaciones difíciles”, destacó Eunice Arita, de 37 años de edad.

UN CAFÉ INCONFUNDIBLE

SÉPALO

Las hermanas Arita llevan alrededor de 4 años en el negocio de café en Santa Rosa de Copán

En tanto, su hermana Karen Arita, puntualizó que “el Señor ha abierto puertas, gracias a Dios y a la visión de mi padre estamos aquí, mi papá le apostó a la buena calidad y apenas arrancando con un inversión de 400,000 lempiras”.

“Dios nos ha permitido llegar a lo que soñamos o creímos, cuando iniciamos mi papá exportaba a Japón, pero nosotras comenzamos a ampliar la exportación y ahora también forman parte Alemania, Rusia y tramo de Estados Unidos.

Eunice y Karen son personas muy cercanas a las cosas de Dios
Karen enfatizando sobre la evolución de su negocio de café en el occidente de Honduras. 

¿Qué problemas afrontaron al inicio?

“Al inicio la gente decía que no nos iban a comprar si no era a mi papá, todo por el simple hecho de ser mujeres, pero luego cuando miraron nuestro avance nos comenzaron a tomar en serio (sonríe)”, adjuntó la también catadora de café.

Ahora, las hermanas Arita tienen dos colaboradores, comenzando desde las 7 de la mañana y sin tener una hora de salida fija, pues su deseo es complacer al cliente y no importa las largas jornadas de trabajo, sólo el mejor de los resultados y como ella dicen… “aunque pareciese rutinario, cada día es diferente”.