“Seguí pidieron a Dios que no fueran ellas”, dijo entre lágrimas. “Pero tuve que enfrentar el hecho de que eran ellas”.

La policía cargó a Ruiz con los delitos de asesinato, pero más de dos años después, todavía no ha sido juzgado y mantiene su inocencia.

Mientras que el nombre de María José Alvarado se volvió un símbolo nacional de una cultura desenfrenada de femicidios, su madre y hermana sobreviviente dicen que viven con miedo; aterrorizadas por las represalias del asesino.

SOLICITAR ASILO

Ellas están esperanzadas que un día puedan obtener asilo para irse a Estados Unidos.

La violencia profana de Honduras ha impulsado un río de mujeres y niños hacia la frontera sur de América; parte de lo que las Naciones Unidas han nombrado una “crisis invisible de refugiados”.

Desde 2008, el número de solicitantes de asilo de Honduras y los vecinos de El Salvador y Guatemala ha incrementado en un 500 por ciento, de acuerdo a las Naciones Unidas.

Para muchas de las mujeres, no es sobre escapar de la pobreza, puede ser la vida o la muerte. La estadísticas del Gobierno de Estados Unidos encontraron que, en 2015, 82 por ciento de las solicitantes de asilo de estas tres naciones tenían “miedo creíble de persecusión y violencia”.

Los cuales son los criterios más básicos para presentar una solicitud de asilo.

Muchos de los criminales, no son llevados ante la justicia.
Muchos de los criminales, no son llevados ante la justicia.

Con frecuencia, la violencia proviene del propio hogar de una mujer. Heidy Hernández de 30 años de edad, madre de cinco pequeños, vive con recuerdos horribles y miedos brutales de la noche que su esposo la atacó con un machete después de una discusión acalorada.

Ella dijo que su hija mayor fue testigo del momento en que él le cortó ambos pies. “Mis piernas estaban gravemente heridas. Recuerdo que una parte fue unida por un trozo de piel”, dijo Hernández.

MUESTRA DE PODER

Además, ella piensa que fue el intento de su esposo de mostrar su poder al robar su independencia. “Si él hubiese querido matarme, lo habría hecho”, dijo.

Ha pasado más de un año desde el ataque y el espíritu de Hernández es indomable. Ella camina con prótesis donadas. Tiene un buen empleo con el que mantiene a sus hijos, e incluso juega en una liga masculina de baloncesto en silla de ruedas.

“Gracias a Dios yo tengo la bendición de estar viva, porque hay otros que no”, dijo Heidy. “Es hora de que sigamos y … detengamos el maltrato de los hombres”.

Asimismo, Heidy, es una mujer aguerrida que agradece por estar viva.
Asimismo, Heidy, es una mujer aguerrida que agradece por estar viva.

Gracias a la marea creciente de este tipo de delitos, el gobierno hondureño creó una unidad de mujeres de su Ministerio Público en la capital, Tegucigalpa.

Sin embargo, cuando el equipo de “Nightline” llegó a visitar, solo había un puñado de mujeres pidiendo ayuda. Según la procuradora del Distrito de Mujeres, María Mercedes Bustelo:

AUTORIDADES EN HONDURAS

“Lo que estas mujeres sienten es impotencia. La autoridad tiene que llegar a estas mujeres. Pero en Honduras, eso no es posible en este momento”, dijo.

Ella dice que presentar una queja puede tomar semanas, la policía carece de recursos básicos y que hay muchos vecindarios tan peligrosos; incluso los policías no pueden entrar sin resguardo militar.

“Muchas de las mujeres involucradas en violencia doméstica con miembros de pandillas, ni siquiera pueden reportarlo. No pueden pedir ayuda a la policía porque sería una sentencia de muerte”, continuó Bustelo.

Neesa Medina dice que los crímenes de denuncia y la obtención de órdenes de restricción a menudo hacen poco para evitar que las mujeres sean atacadas. “¿Cuán poderosa es una bala? ¿Es una bala más poderosa que un trozo de papel?”, dijo.

“Estamos hablando de mujeres que tienen tres, cuatro o cinco hijos. Entonces, si no pueden confirmar la seguridad de ella y su familia, y lo mejor que pueden hacer es mostrarle un trozo de papel, eso es casi como firmar su sentencia de muerte allí”, agregó.

Neesa Medina, analista del Centro de Derechos de la Mujer.
Neesa Medina, analista del Centro de Derechos de la Mujer.

El  miedo es una realidad siempre presente en la vida de muchas mujeres aquí, pero el gobierno hondureño falla en proveer refugios y casas seguras. Así que las familias en el peligro más grave están a merced de las organizaciones benéficas privadas.