SIGUATEPEQUE. – Como cada lunes desde hace cinco años, doña Marlen Pereira, hija nacida en la ciudad de Siguatepeque, se levanta muy temprano para elaborar cerca de 100 platos de comida.

Con la ayuda de una hermana de la iglesia, y tras tener listas las porciones de comida, encamina sus pasos con rumbo a las calles más tristes de Siguatepeque. Llegan hasta la mal llamada calle de la “Luz Roja”; donde pernoctan decenas de enfermos alcohólicos, indigentes y niños en abandono.

Es allí donde su obra de amor fluye, brindado un pequeño alivio a los que a ella se acercan. Sobre todo, llevando una voz de aliento para salir adelante.

Doña Marlen Pereira, una persona de orígenes humildes. No pretende ser reconocida, ni mucho menos es una política de aquellas que se pasean por los barrios. Con sus propios fondos y pidiendo ayuda durante la semana; es como realiza su servicio. Esta servil dama conversó con TIEMPO DIGITAL y expuso sus propósitos.

“Es la misión que he tenido toda mi vida. Desde que yo me metí a la religión católica me he dedicado a visitar a la gente que anda en la calle”, indicó.

El sueño que tiene Doña Marlen, es poder contar en un futuro con un centro de ayuda social, donde pueda seguir con su obra de servir al prójimo. (fotos: Cindy Copland)

Y es que doña Marlen manifiesta que ganarse el cielo, no se logra con solo asistir cada domingo a la iglesia y rezar los rosarios que aprendió desde niña. “Cuando yo me muera, quiero encontrarme con Dios y está es la única forma de poderlo ver. No interesa tanto rosario; iglesia y rezos, porque tenemos a Cristo vivo en las calles”, asegura.

Don de Servicio

La buena samaritana de Siguatepeque, cuenta que estas acciones las comenzó junto a una amiga de nombre Mercedes Molina de Figueroa. Sin embargo, ella ha envejecido, por lo que siguió sola con esta labor.

“En la mañana les habló, les doy consejos. Han habido muchas veces que debo de bañar a los bolitos. Los cambio, les doy ropa y luego que los baño se me pierden y no los vuelvo a ver”, cuenta.

Doña Marlen Perdomo, el “Ángel” de los desamparados en Siguatepeque (fotos: Cindy Copland)

Doña Marlen dice que también esta labor la realiza una vez a la semana en el presidio municipal, donde visita a los privados de libertad. “En toda la semana tengo que andar buscando ayuda y saber que les puedo hacer comida. Dios me provee, me abre las puertas y me extiende la mano. Algunos se me hincan, y me dicen que soy un ángel. Yo solo quiero llegar a la hora de partir a la presencia de Dios”.

El sueño que tiene Doña Marlen, es poder contar en un futuro con un centro de ayuda social; donde pueda seguir con su obra de servir al prójimo. (fotos: Cindy Copland)

El sueño que tiene Doña Marlen, es poder contar en un futuro con un centro de ayuda social; donde pueda seguir con su obra de servir al prójimo.

Para contacto con Marlen Perdomo, comunicarse al  TELÉFONO: 9568- 8379