Luis Luna, predicador hondureño
Luis Luna, predicador hondureño

 

SAN PEDRO SULA. Es una bendición de parte del cielo hacia nuestras vidas, pero, también lo es la oportunidad de descansar, pues tu vida no fue diseñada para que fueras un hámster que da vueltas sin parar.

Algunos sienten fascinación con la idea de estar ocupados. O al menos de aparentar que lo que están.

Pero, una cosa es estar ocupado. Y otra es ser efectivo en lo que estás haciendo. Si estás ocupado siempre y nunca descansas entonces no serás efectivo.

Básicamente, estarías tan ocupado conduciendo que no tendrías tiempo de echarle combustible al carro. Hoy se celebra el día internacional del trabajo, y para muchos es día feriado. Veamos, entonces, tres formas de aprovechar tu feriado sabiamente:

1.) Descansa:

¿Parece obvio que el primer punto fuera descansar, no? Es decir, eso es lo que todo mundo hace en un feriado… ¿verdad? Pues, en realidad eso no es del todo cierto. Hay personas que en un día de descanso no van al trabajo pero traen el trabajo a la casa.

Un rabino judío explica el Sabbat de esta manera, “Dios nos da seis días para trabajar y cambiar el mundo; y un día para descansar y apreciarlo tal como es.”

Entiendo que algunas personas con ímpetu de emprendedor y una personalidad tipo “A” pueden pensar: “Este muchacho no sabe lo que habla. Si dejo de moverme, mi negocio, empresa o trabajo seguramente se detendrá.”

Lo que seguramente se detendrá si llevas tu vida al mil por hora es tu músculo cardíaco. Ten cuidado.

2. Reflexiona

La vida pasa tan rápido que ni nos damos cuenta. Es tan fácil que dejemos que el “tiempo se vaya.” Sin embargo, ¿de qué manera cambiaría tu vida si supieras que sólo tienes 20 días para vivir? ¿Qué cambios harías? ¿Seguirías pegado al televisor por el tiempo que te queda? ¿Qué conversaciones que habías estado evitando ahora buscarías tener? ¿Qué relación fragmentada intentarías restaurar? La persona promedio vive alrededor de 25,000 días. ¿Cómo los estás invirtiendo? ¿Cuáles son tus prioridades?

Si llevarás un registro de todo lo que haces durante el día, ¿qué actividad, aparte de tu trabajo, ocuparía mayor tiempo? ¿Qué es más importante? ¿Trabajo o familia? ¿Las personas o las posesiones? Ten en cuenta esto: Todos los objetos materiales que tienes ahora pertenecen en un futuro a un basurero o una venta de garaje.

En las últimas horas de vida en la cama de un hospital nadie pide que traigan los diplomas, la balanza de pesar o el último estado de su cuenta bancaria.

¿Qué harás con los días que te restan?

Un día feriado, o un día de descanso, es una buena oportunidad para hacerte las preguntas difíciles que normalmente no haces por las ocupaciones diarias. Sócrates decía, “La vida sin examinar no vale la pena vivir.”

Examina tu vida. Examina tu corazón. Cuestiona tus motivos. ¿Por qué haces lo que haces? ¿Por miedo, orgullo, por darles una lección a los que dijeron que no podías?

La verdadera libertad es reconocer que no tienes que probar algo a ti mismo o a los demás.

3. Conéctate

¿Cuándo fue la última vez que tuviste una conversación con tu papá, con tus hijos o cónyuge? No me refiero a una charla pasajera sobre lo insoportable que ha estado el calor estos días.
Sino que, ¿cuándo fue la última vez que genuinamente te conectaste, por así decirlo, con alguien en tu hogar? Si tus hijos no fueron al colegio hoy aprovecha para charlar con ellos.
A lo mejor estás frustrado porque quieres corregirlos y no te hacen caso. Recuerda esto: la conexión viene antes de la corrección.

Para que tu hijo te escuche atentamente, primero tienes que conectarte con él profundamente. Sí claro, te puede obedecer. Pero, a regañadientes y sólo lo hará de manera externa para que no sigas quejándote. Pero, la única manera en que llevará al corazón la sabiduría que quieres impartirle es que primero te conectes con él.

A lo mejor y uno de tus papás no fue a trabajar hoy, es un buen tiempo para que te conectes con él. Pídele que te cuente sus anécdotas de antaño. Sí, las mismas que ha contado 36 veces, pero sólo como él las sabe contar. Si están con vida, disfrútalos, son un regalo de Dios. Tal vez no fueron, o no han sido tu mejor ejemplo, pero Dios los usó para darte la vida y criarte. Y eso es algo por lo que debes estar eternamente agradecido.