Estudio mostró que durante el embarazo, el cerebro cambia, pues sufre cambios drásticos que pasan por una reducción de la masa gris.

Estas modificaciones cerebrales no solo no se observan en el cerebro de los padres, sino que se mantienen durante dos años después del parto.

Se trata de una especie de poda de neuronas en ciertas áreas del cerebro relacionadas con la empatía.

El objetivo de esto es aumentar la capacidad de la madre para ponerse en el lugar del otro.

CEREBRO CAMBIA POSITIVAMENTE

Efectivamente, se puede decir que las madres se vuelven más inteligentes. 

Debido a que esto, aumenta su capacidad para entender las necesidades y estados de ánimo de los demás.

La retirada de conexiones neuronales de la zona hace que puedan anticiparse a las intenciones de los otros más fácilmente o incluso “leer” la mente del otro.

Es un “subidón” de su sensibilidad empática importante.

“A mayor eficacia cognitiva, menos sustancia gris. Es lo que llamamos poda adaptativa”, dice el coautor de la investigación, Óscar Vilarroya.

La reducción de materia gris no correlaciona con ninguna pérdida de capacidad cognitiva de las madres.

Así, lo que logra esta poda es optimizar las conexiones neuronales, que se activan cuando una madre ve imágenes de su hijo.

Las madres desarrollan una actitud empática para proteger a sus hijos.
Las madres desarrollan una actitud empática para proteger a sus hijos.

También, cabe señalar que esto no se logra cuando la madre contempla fotografías de otros niños.

“Los niños tienen más materia gris y en su paso a la adolescencia pierden conexiones neuronales”, recuerda Vilarroya.

Se trata, concluyen los investigadores, de una adaptación que ayuda a las madres a gestionar los retos de la maternidad.

La madre se desarrolla para que sus hijos tengan todas las que ganar, por eso, su cerebro cambia.

No cabe duda que el amor de una madre se muestra hasta en las formas naturales de cambios en el cuerpo humano.