Luis Luna, predicador hondureño
Luis Luna, predicador hondureño

 

SAN PEDRO SULA. La semana pasada el Congreso Nacional (CN) de Honduras legisló a favor de preservar la vida: en contra de la despenalización del aborto en nuestro país. Hay mucho trabajo que hacer en la nación. Pero, también lo bueno debe ser aplaudido.

Esta decisión debe celebrarse por todos. En especial, aún más por los que amamos la vida, en todas sus etapas, y apoyamos la protección de las personas más indefensas: las que están dentro del vientre.

Con todo y el hecho que esto significa un triunfo, necesitamos también reflexionar sobre algunos elementos importantes que se dieron en el desarrollo de este acontecimiento.

Aquí ofrezco algunas reflexiones “post-controversia”:

En primer lugar, es necesario que nos preguntemos el motivo por el cual los honorables diputados en el hemiciclo votaron en contra de la despenalización del aborto. Nuestro país todavía podría ser considerado, por amplio margen, como una sociedad conservadora, al menos en temas sociales como los de este tipo.

Entonces, ¿será que los diputados votaron a favor de la vida porque en realidad valoran la imago dei de la que cada ser humano es portador? ¿Son los parlamentarios unos acérrimos defensores de los embriones?

¿O nada más fue porque estamos en temporada electorera y un voto pro-aborto equivaldría a despilfarrar capital político que será requerido de cara a las elecciones generales en noviembre?

No estoy afirmando ni una cosa ni la otra. Juzgue usted. Yo sólo hago las preguntas. Y usted concluya con sus propias respuestas.

Claro, esto no quiere decir que un resultado contrario, el de legalizar el aborto, hubiese sido lo más deseado. En lo absoluto.

Pero, el pensador alemán Nietzche solía preguntarse siempre cuál era la finalidad por la que los hombres en el poder político hacían lo que hacían. A veces, de vez en cuando, es bueno hacerlo.

En segundo lugar, necesitamos entender que ser pro-vida significa mucho más que ser anti-aborto. No es menos que eso. Pero, es mucho más. Sí, el aborto es una trágica realidad. No debería existir. Ni de manera clandestina, mucho menos legal. No obstante, si nos vamos a pronunciar con vehemencia a favor de la protección de las personas dentro del vientre, debemos ser coherentes y defender los derechos de las personas que ya salieron de la matriz.

Por eso, ser “próvida” significa estar dispuesto a luchar contra todas las manifestaciones de las fuerzas anti-vida. Desde el vientre hasta la tumba.

Existen abortos que ocurren fuera del tiempo de gestación. Los niños “abortados” que se ven obligados a emigrar a nuevas tierras en búsqueda de un mejor horizonte.

Debate en el CN

Los jóvenes “abortados” en zonas de riesgo social con una vasta probabilidad de unirse a grupos violentos antisociales.

Los pacientes “abortados” que han perdido su vida por falta de medicamentos como resultado del desfalco millonario al IHSS.
La lista de abortos es larga.

Porque, de lo contrario, sino somos congruentes, entonces nuestro “mensaje contundente” no será más que una manera reduccionista de disuadir con beligerancia a jovencitas emocionalmente perturbadas a que no aborten a su bebé. Pero, una vez que nuestra estrategia, en efecto, haya tenido resultado, la dejemos de la mano para “que vea ella como le hace” para criarlo.

Tampoco propongo que nos volvamos utópicamente asistencialistas. Pero, sí que tengamos maneras concretas de responder a embarazos en crisis. Que ofrezcamos planteamientos integrales que van mucho más allá de nada más convencer a alguien de no abortar.

Debate por el aborto

En tercer lugar, debemos recordar que el tema central en el debate sobre la despenalización del aborto no gira exclusivamente a la libertad de la mujer. En efecto, nadie niega que la mujer debe tener libertad sobre su cuerpo.

El asunto en cuestión es si en el ejercicio de esa libertad hay otra vida involucrada. Respectivamente: el embrión. Como todos los problemas sociales, el aborto es complejo. Los casos difíciles abundan. Por ejemplo, una de las preguntas que más circulaban al respecto fueron: “¿Y si el embarazo fue por violación? ¿Y si el bebé representa un riesgo a la mujer?”

No puedo concebir lo difícil que sería estar en los zapatos de una persona que ha atravesado un escenario terrible como ese. Sin embargo, algunos datos estadísticos deberían hacer que no seamos tan propensos a hacer juicios ligeros.

Un tema de nunca acabar

El porcentaje de mujeres que abortan por razones médicas o por causa de una violación es mínimo. Eso no quiere decir que su experiencia debe ser tomada a la ligera. Sin siquiera ser escuchadas. Pero, lo que sí quiere decir es que no se puede tomar los casos marginales y usarlos como evidencia central para el avance de la narrativa pro-aborto. La vida es demasiado preciosa para eso.