Reelección: Una sesión secreta y las ansias de poder hacen arder Paraguay

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La indignación se desató en Paraguay a raíz de la represión violenta de una protesta pacífica luego de que senadores aprobaran en una sesión secreta un proyecto de enmienda de la Constitución que permitiría la reelección presidencial.

En secreto y con apuro, 25 de 45 senadores paraguayos aprobaron la tarde del viernes 31 de marzo un proyecto de enmienda constitucional con el que pretenden instalar la figura de la reelección presidencial en un país que tiene vedado el segundo período para los mandatarios desde la caída de la dictadura de Alfredo Stroessner, en 1989.

Fue el cúlmen de una semana de agitado ambiente político en la pequeña nación sudamericana. La sesión fue realizada a escondidas en la oficina de la bancada del Frente Guasú (en guaraní Frente Amplio, una coalición de partidos y movimientos de izquierda que tiene como principal líder al exobispo y presidente de la República, Fernando Lugo). Ni siquiera se trató dentro de una sesión formal de la Cámara Alta.

Quienes participaron de lo que en Paraguay ya es considerado por sectores de la oposición y organizaciones sociales como un golpe parlamentario presentaron apenas 15 minutos un pedido de sesión extraordinaria de la Cámara Alta del Congreso. Mientras varios legisladores esperaban en la sala de sesiones, ubicada en el tercer piso del Palacio Legislativo, la enmienda era aprobada por unanimidad en la Planta Baja del recinto.

Además de los legisladores del Frente Guasú (oposición), participaron senadores del oficialista Partido Colorado, del UNACE (partido nacido del desprendimiento de los colorados) y senadores de un sector del Partido Liberal (PLRA).

Al recinto no pudieron ingresar periodistas sino hasta que se tomó la decisión. Varios de los que asistieron a la sesión secreta apenas meses antes habían manifestado estar totalmente en contra de establecer la figura de la reelección. Cuando todo parecía quedar en el olvido, finalmente el proyecto terminó avanzando.

“Feliz por lo que aprobamos”, repetía una y otra vez la senadora Lilian Samaniego, representante del oficialismo del Partido Colorado y una de las más cercanas del actual presidente del Paraguay, Horacio Cartes, un empresario cuya fortuna tiene un origen no del todo claro y vinculado en reiteradas ocasiones por investigaciones internacionales como uno de los más beneficiados del contrabando de cigarrillos.

Sesión calificada de ilegal

Senadores de la oposición y disidentes del Partido Colorado que esperaban a sus colegas en la sala de sesiones aseguraron que el proyecto de enmienda carece totalmente de legalidad al haberse tratado y aprobado fuera de la sala y sin la presencia del presidente del Congreso, quien se encontraba en el mismo piso, apenas tres pisos más arriba.

“El principal responsable de todos los hechos es el presidente de la República. Esperamos que (los senadores) recapaciten y abandonen este nefasto proyecto”, dijo el titular del Poder Legislativo, el senador liberal Roberto Acevedo, a medios radiales paraguayos.

Acevedo y varios opositores ya habían presentado días antes ante la Corte Suprema de Justicia una acción de inconstitucionalidad contra una primera sesión secreta durante la cual el vicepresidente segundo del Congreso, el colorado oficialista Julio César Velázquez, se autoproclamó presidente del Legislativo dentro del mismo recinto en el que se encontraba su colega.

Ahí fue que inició lo que los opositores denominan como “golpe parlamentario”.

Desmedida represión contra manifestación pacífica

Mientras en el interior del Palacio Legislativo, los 25 senadores celebraban y trataban de justificar entre sonrisas lo que habían aprobado, un grupo de entre 50 y 100 personas llegó a las inmediaciones de la sede del Congreso para repudiar lo que había ocurrido.

De forma pacífica, referentes de partidos de oposición y de la disidencia del partido de gobierno expresaron su repudio a lo que había ocurrido. A ellos se les sumaron luego varios senadores y diputados que salieron de la sede legislativa a la calle.

Mientras los manifestantes marchaban pacíficamente, una dotación de al menos 300 policías -entre ellos antimotines y de la Montada de la Policía- rodeaban el lugar para intentar frenar el avance de la manifestación. A pesar de contar con escudos y cachiporras para hacer retroceder a los manifestantes, inferiores en número, los agentes policiales abrieron fuego con balines de goma contra la masa.

 Durante los primeros disparos, hirieron con balines de goma al presidente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA, principal partido de oposición) en el hombro. Mientras los manifestantes reclamaban y acorralaban al pelotón de antimotines del que surgieron los disparos, estos volvieron a abrir fuego contra el reducido grupo de personas e hirieron a quemarropa al diputado Édgar Acosta, quien resultó con parte de la boca totalmente destrozada como consecuencia de la corta distancia a la que se encontraba y tuvo que ser trasladado de urgencia.

Fue el inicio del pandemonio en las inmediaciones del Congreso. Como respuesta, los manifestantes comenzaron a empujar a los efectivos policiales y a arrojar piedras contras los mismos.